Hermione
había decidido aparecerse en un lugar conocido, pero que a la vez les diera
libertada de movimiento y lo primero que le vino a la mente fue el bosque en
donde se había celebrado el mundial de quidditch, se levantaba con cierto dolor
en la espalda, al caer se pegó fuertemente en ella cuando escuchó a Harry
hablarle a Ron con cierto temor, al parecer el chico estaba herido, la castaña
aun con dolor de espalda se acercó a su amigo pelirrojo y observó que el menor
de los Weasley estaba herido, tenía una enorme mancha roja sobre la camisa que
llevaba, sin pensarlo rasgó la fina tela de la prenda, al verle la carne viva a
Hermione se le humedecieron los ojos, estaba nerviosa y la culpabilidad se
hacía presente en ella, el chico se había despartido, y ella era la culpable.
*****
Yaxley
caminaba de un lado a otro por la lujosa mansión, estaba ansioso, tenías buenas
noticias para su señor y una sorpresa, le habían dicho que esperara ahí, pero
la espera era asfixiante para el mortífago, se relamía los labios de solo
pensar la gran recompensa que le daría el señor tenebroso, la puerta del
despacho se abrió, por ella entro un hombre de presencia majestuosa con solo
verlo imponía, ahora Yaxley recién entendía porque Severus Snape se había
vuelto la mano derecha de lord Voldemort.
—He
pedido hablar con mi señor, no con su lacayo —dijo mordazmente el mortífago.
—El
señor tenebroso no está y como bien sabes, después de él, yo estoy al mando
—respondió Severus, con voz profunda y pausada, sin duda lo que traía el
mortífago era de gran importancia, el insultarlo tan deliberadamente lo
confirmaba.
—Entonces
esperare hasta que él venga, no confió en ti —directamente lo reto, después de
lo que sabía y había visto, él sería sin duda la mano derecha de su señor.
Snape
sonrió ante la tonta arrogancia del Yaxley, era más tonto que un doxy.
—Bien
sabes que todo lo que sepas me lo debes decir a mí, si es de suma importancia,
yo sabré como actuar.
—Crees
que soy tan idiota como para revelarte lo que vi —el mortífago rió
sarcásticamente—, no soy tan idiota como Lucius, él confiaba en ti y que has
hecho tú, traicionarlo, abandonaste a su hijo, eres vil y despreciable, tu
ambición te llevo lejos, ¿no se supone que el muchacho era tu ahijado? —Yaxley
hablaba con bastante odio—, pero hiciste lo que fuera para ocupar el lugar de
Malfoy, eso es admirable —el mortífago le dio la espalda.
—Es
lo que tú pretendes, ¿no?
—Así
es, por lo menos yo tengo el valor, de decírtelo de frente —el mortífago lo
miró directamente a los ojos.
—Es
muy estúpido de tu parte, no tienes miedo de que pueda estropear tus planes
—Severus era muy astuto, cual serpiente, conociendo a él estúpido mortífago
revelaría todo sin mucho problema.
—No
te tengo miedo.
—Pues
deberías —sin previo aviso Severus lo petrifico, ahora el actual director de
Hogwarts lo miraba burlón—. Te lo dije, eres muy estúpido —Severus alzo su
varita y apunto directamente al mortífago hacia su cien, y murmuró un conjuro
para leerle la mente a Yaxley, por la cabeza de Snape aparecían imágenes del
ministerio, supo de la fuga de varios impuros, que suplantaron personalidades y
hechizaron a Umbridge, era más que obvio que el sospechaba de Potter y
compañía, pero eso lo tenía reservado para su uso personal, de pronto vio una
imagen que hizo que se le helara hasta el más lejano tuétano de su cuerpo,
Yaxley tenía agarrada a Hermione por un brazo, vio la cara de preocupación de
la castaña, se encontraban dentro de Grimmauld Place, conocía ese lugar de
sobra, de pronto una leve luz morada salió de la varita de la chica y logro repeler
al mortífago, Yaxley iba a tomar de nuevo a Hermione, cuando observo que
Maurice Baton, cambiaba de forma por la de un chico de cabellera rubia
platinada y ojos grises.
Snape
lo entendió todo, entendió a la perfección el plan de Yaxley, sin dudarlo
aturdió al mortífago y lo desmemorizó, suplanto sus memorias, cuando estuvo
seguro de que ya no había peligro, apunto de nuevo al mortífago.
—¡Ennervarte! —poco a poco el mortífago
se recuperó, miraba extrañado a Severus.
—¿Qué
paso?, me duele la cabeza.
Snape
seguro de que ya no había peligro, se permitió bromear con los recuerdos de
Yaxley.
—Deberías
tener más cuidado con la bebida, si mi señor te ve así, podría ser lo último
que pudieras hacer.
El
mortífago, se tomó la cabeza, tenía un dolor punzante y los recuerdos
revueltos, recordaba la fuga de los sangre sucia, después de la persecución de
unos infiltrados y una pelea en el ministerio, pero estaba seguro de que había
algo más, sin embargo, por más que se esforzaba no podía recordarlo, entonces
miró a Snape que lo miraba de manera burlona, tenía claro de que se burlaba de
él, pero todavía no entendía el porqué, sin decir nada, giro dándole la espalda
al mortífago.
—Me
tengo que ir, antes de que venga el señor tenebroso y me vea en este estado tan
deplorable.
—No
te preocupes, yo te cubriré —dijo Snape con cierto alivio.
Sin
saber el porqué, Yaxley le agradeció a Severus y despareció de la mansión
Malfoy.
*****
Hermione
preparaba té, mientras Ron descansaba en una de las literas de la casa de
campaña, que llevaba, mientras Harry y Draco permanecían en silencio, cada uno
sumidos en sus pensamientos.
La
chica acercó a cada uno una taza caliente de té, a los cuatro jóvenes en ese
momento la humeante bebida los hizo reconfortarse, nadie decía nada, el silencio
reinaba en la vieja casa de campaña que Hermione le había pedido prestada al
señor Weasley.
—Así
que… —Draco rompió el ensordecedor silencio—, de quien dices que era esta… —al
Slytherin le costaba trabajo ponerle un nombre decente a tan singular lugar—,
eh… ¿casa?
Los
Gryffindor habían volteado hacia donde se encontraba Draco, en esos momentos de
tensión cualquier pregunta era buena.
—Un
tal Perkins, del ministerio, es lo único que sé —contestó Harry ya más
relajado.
—…
aja… —fue lo único que pudo decir Draco.
De
nueva cuenta los cuatro chicos permanecieron en silencio hasta que Harry se
acercó a Hermione.
—¿Lo
tienes? —la castaña miró a su amigo a los ojos y asintió.
—¿Tener
qué Potter?
Harry
espero a que Hermione sacara algo de la túnica de Mafalda que todavía llevaba,
la chica lo tomo con mucho cuidado, no era más grande que del tamaño de un
huevo de gallina, y se lo extendió al chico de la cicatriz.
Draco
se estiro un poco para poder ver lo que Hermione le había dado a Potter, pero
era tan pequeño que la mano del chico lo cubría por completo.
—Entonces
lo tienen, por lo menos valió la pena que casi muriera desangrado —Hermione al
oír eso no pudo evitar que unas lágrimas resbalaran por sus mejillas.
—No
hubieras muerto Weasley —Draco noto el rostro de la castaña—, hasta ahorita no
se conoce ningún caso de muerte por despartición, solo existen caso de
extremidades que no se encuentran o personas temporalmente locas, pero hasta el
momento no se ha registrado una muerte, corriste con suerte de que Granger trajera
esencia de díctamo, si no tu brazo hubiera quedado en muy mal estado —Hermione
le sonrió a Draco, Ron solo vio la escena un tanto indignado.
Harry
le mostró a Draco el famoso guardapelo, el chico lo tomo entre sus manos, no
entendía como algo tan pequeño, podía causar tanto daño.
—Tengo
hambre, Herms, de casualidad no traes comida —la chica negó con la cabeza.
—Lo
siento Ron, nunca pensé que esto pasaría, debí prever algo así, lo siento.
—No
seas tonta, Herms —Harry tomo de las manos a la chica—, de no ser por ti, en
estos momentos estaríamos siendo torturados por Vol… —antes de que pudiera
decir su nombre Ron saltó de la cama.
—No
digas su nombre.
Harry
y Hermione miraron a su amigo.
—Ron
es solo un nombre.
—Sí, Hermione, pero no lo digan —el chico volvió a recostarse, aunque Draco no lo
dijera, a él tampoco le gustaba llamar al señor tenebroso por su nombre, solo
los muy osados o los muy estúpidos lo hacían, por primera vez estuvo de acuerdo
con el pelirrojo, más no lo externo.
—Recuerda
lo que decía Dumbledore…
De
nueva cuanta Harry fue interrumpido por Ron, quien ahora tenía el guardapelo
entre sus manos.
—Y
tú recuerda en donde está ahora, creo que llamarlo por su nombre no lo ayudo de
mucho.
Harry
no dijo nada sabía de qué cierta manera Ron tenía la razón, pero era tan
absurdo, temer a pronunciar el nombre de Voldemort, que se sentía un cobarde.
—Creo
que será mejor que busque algo de comer —Hermione se levantó y los tres chicos
la miraron extrañados.
—Ni
lo pienses Granger, ya has hecho bastante —Hermione sintió que Malfoy le
recriminaba su falta, mientras Draco solo quería protegerla.
—Ya
dije que lo siento, Malfoy, no fue mi intención de que Yaxley me tomara por el
brazo…
—No
lo digo por eso, yo creo que Potter tiene razón, de no ser por ti, ahorita
estaríamos en graves problemas, lo mejor será que te quedes aquí, Potter y yo
buscaremos que comer, solo, asegúrate de estar atenta a cualquier cosa que veas
extraña.
Hermione
sonrió, de una manera un tanto forzada, le molestaba que le dieran órdenes y más
que la trataran como una inútil, solo por el hecho de ser mujer, más no dijo
nada y puso el chivatoscopio que le había regalado a Harry en su cumpleaños,
sobre la mesa del comedor.
—Draco
tiene razón, es mejor que te quedes con Ron y lo cuides, eres la mejor para
hacerlo, nosotros iremos a ver que podemos encontrar.
La
sonrisa de Draco se disolvió de sus labios, por una mueca de disgusto, su
sugerencia le acababa de dar una patada en el culo, no contaba con que Hermione
y la comadreja se quedarían solos, acepto su derrota, hasta para él sería muy
inhumano, sacar a Ron de la confortable cama, estando en una situación tan
delicada.
Después
de que comieran las setas que lograron conseguir, y que Hermione trato de
cocinar lo mejor posible, Draco, Ron, Harry y Hermione se encontraban hablando
de lo que harían, habían llegado a la conclusión de que no llamarían a
Kreacher, ya que podían ponerlo en peligro y peligrar ellos también, decidieron
que lo mejor sería estar en constante movimiento, Draco jugaba con el Horrocrux
entre sus dedos.
—¿Estás
seguro de que sigue siendo un Horrocrux, Harry?
—Sí,
supongo, no lo puedo abrir y no se ve registros de que lo hayan abierto o haya
sido alterado, se ve intacto.
—Bien
y ahora que hacemos, ¿Cómo lo destruimos?
—No
tengo la menor idea, Ron.
—Pueden
sentirlo… —Draco siseó levemente—, parece… como si tuviera vida, siento mi mano
palpitar, es una sensación muy extraña.
Harry
tomo el guardapelo y sintió exactamente lo que Draco le había descrito, sin
mucha alegría tomo el Horrocrux por la cadena y se lo coloco en el cuello,
quería tenerlo lo más cerca posible, no se sentía del todo bien, pero sabía que
era su responsabilidad.
—Bien, lo mejor será que alguien vigile —Harry y Hermione asintieron, Harry se ofreció
para el primer turno, salió de la campaña y se acomodó cerca de la entrada,
Hermione limpiaba un poco el lugar, mientras que Draco y Ron descansaban en las
literas.
Hermione
ya se encontraba recostada en el pequeño cuarto que había compartido con Ginny
en el mundial, se estaba quedando dormida, cuando escucho gritar a Harry, se
levantó presurosa hacia donde estaba, cuando sintió que Draco la tomaba del
brazo.
—Espera, Granger, puede ser peligroso.
Pero
Hermione lo ignoró y salió de la tienda de acampar.
Draco
bufó y salió detrás de la castaña, Hermione llego hasta donde se encontraba
Harry, lo vio parado con la varita apuntando hacia un punto fijo, pero no había
nada, el chico comenzó a hablar con una voz que no era la suya, preguntaba por
algo, se veía molesto, Hermione quiso acercarse a él, pero de nueva cuenta
Draco la tomo del brazo, esta vez la chica obedeció al Slytherin y esperaron a
que Harry saliera del trance, a los pocos minutos observaron cómo Harry se
desvanecía y caía sobre el césped húmedo por la brisa de la madrugada.
—¡Harry!,
¡Harry!, ¿me escuchas?, ¿te encuentras bien? Harry, por favor…
Poco
a poco fue abriendo los ojos, estaba un poco aturdido, se fue incorporando
lentamente, cuando ya estuvo bien sentado, se trató de levantar, Draco lo ayudo
a ponerse de pie, sabía lo que seguía, miró con un poco de temor a Hermione.
—¿Estás
bien…? ¿Qué fue lo que te paso?
Harry
dudo en decirle o no la verdad.
—Me
resbale es todo —lo dijo esperando en que le creyeran.
—Harry
no mientas lo hemos visto todo, ¿fue él, verdad?, ¿fue Vol…?
—¡No
digas su nombre! —Ron gritaba desde adentro de la tienda.
Hermione
rodó los ojos en forma de fastidio.
—Bien, fue Quien-tu-sabes, ¡contento! —Hermione gritó a todo pulmón para que Ron
pudiera escucharla.
Ron
no contesto, prefirió ignorar a la chica.
—Sí,
Hermione, fue él —Harry hablaba un poco hastiado, de seguro la chica le soltaría
una cantaleta de cerrar su mente y cosas, que a él, francamente no le
interesaba escuchar.
Hermione
no dijo nada, simplemente lo observo.
—Bien, es hora de que vayas a descansar, creo que será lo mejor, yo me quedo a
suplirte.
—Puedo
terminar mi ronda.
—No,
no puedes, vete a descansar —esta vez Hermione sonaba más enérgica.
Draco
tomo a Potter del brazo y se lo llevo adentro de la casa.
Al
llegar a donde se encontraban las literas, se subió a la litera de arriba,
mientras Ron ocupaba la de abajo, Draco tomo una silla y se acercó a donde
estaban los Gryffindor.
—Bien, Potter, ¿Qué fue lo que viste?
Harry
suspiró profundamente.
—De
nuevo vi a Gregorovitch, Vol… —Harry se corrigió mentalmente, antes de que Ron
empezara a protestar—, a Quien-ustedes-saben, le preguntaba sobre una varita,
y…
—¿Y
después qué, Potter? —Draco en esos momentos no tenía paciencia.
—Me
adentre, bueno ustedes saben… vi sus recuerdos, vi como un joven de cabello
rubio hacia un conjuro y se llevaba lo que tanto busca, Tom.
—Un
joven dices.
—Sí es rubio, tal vez sea pariente de Malfoy.
—No,
no lo es, sin embargo, se me hace tan conocido, tengo idea de haberlo visto ya
en una parte, pero no sé dónde —Harry cerró los ojos tratando de recordar en
donde había visto a aquel muchacho.
Se
quedaron un rato en silencio.
—Ya
va a ser el cumpleaños de Herms —Ron mantenía los ojos cerrados, mientras
hablaba.
—No
creo que sea buena idea hacerle una fiesta sorpresa, ¿o sí?
Los
tres chicos empezaron a reír, por el comentario de Draco.
—No,
no lo es, pero deberíamos hacer algo, siempre celebramos su cumpleaños, y ahora
no creo que tenga ni pastel, por lo menos no hay que dejar pasar su cumpleaños
—Harry se quitaba los lentes y los depositaba a un costado de él.
Harry
se levantó muy temprano, y se asomó por la entrada de la tienda, ahora el que
hacia vigilancia era Draco, el chico salió y lo saludo, camino un poco más y
saco de la bolsa de su pantalón, el ojo de Alastor, empezó a hacer un hoyo
cerca de un árbol, mientras lo depositaba, Harry mencionaba una oración en voz
baja, a pesar de ser mago, y de ver y hacer cosas, que de seguro la iglesia
nombraría como herejía, le gustaba rezar de vez en cuando, sabía que nada tenía
que ver una cosa con la otra, sobre el árbol tallo una pequeña cruz y se retiró
del lugar, Draco solo lo veía a lo lejos.
—¿Qué
hacías allá, Potty?
—Estaba
rezando un poco… encontré el ojo de Moody y quería… por lo menos que estuviera
en un lugar, más tranquilo —a Harry se le dificulto decir esto último.
—Entiendo,
¿Por qué no mencionaste que lo tenías?
—No
quería preocupar más a Hermione, le afectan mucho estas cosas.
—Bien, será mejor que los despertemos, ya amaneció y será mejor ponernos en
movimiento.
Harry
asintió y los dos chicos se adentraron a la tienda de acampar.
*****
Ya
habían pasado dos semanas, desde que Snape había modificado la memoria de
Yaxley y al parecer nadie se había dado cuenta de ese hecho, estaban más
ocupados en torturar a impuros, Severus se encontraba recargado en la
majestuosa silla del director de Hogwarts, sentía los parpados pesados, se
sentía cansado, después de ver lo que Yaxley quería contarle al señor
tenebroso, estaba más alerta a cualquier señal de Potter y compañía.
La
puerta de su despacho sonó, para después entrar sin esperar respuesta entró
Lucius Malfoy, aunque seguía conservando ese aire tan aristocrático, parecía
que en menos de un año había envejecido diez, sin duda estar en azkaban le
había dejado huellas, la más profunda perder a su único hijo, sin duda era la
perdida más grande para los Malfoy.
—Lucius
bienvenido, siéntate —Snape le indicó con la mano a que tomara asiento.
Lucius
curvo un poco sus labios.
—Bien, he venido, ¿para que querías verme, Severus?, sabes muy bien que estar aquí no me
produce muy buenos recuerdos.
Snape
lo sabía muy bien, pues en Hogwarts Draco había perdido la vida, y para Lucius
era un dolor muy fuerte, pero necesitaba verlo, hablar en un territorio
neutral, un lugar en donde él se sintiera tranquilo, en donde no existieran
posibles fugas de información.
—Lo
sé… —el nuevo director se levantó, y comenzó a caminar sin una dirección
concreta—, Lucius, ¿hacia dónde está tu lealtad? —no quería andarse por las
ramas, sabía que después de la supuesta muerte de Draco, los Malfoy ya no
simpatizaban del todo con las ideas mortífagas, y que solo seguían a Voldemort,
por supervivencia, también sabía que Lucius, había contactado un miembro de la
Orden, ofreciéndose como doble agente.
—¿A
qué te refieres…? Mi lealtad esta con mi señor, porque la pregunta, ¿hacia
dónde está la tuya?
Snape
sonrió, sin duda Lucius sería un hueso rudo de roer.
—Al
igual que tú, mi lealtad esta con el señor tenebroso, solo te quiero decir
algo, ten más cuidado con lo que haces, recuerda que las paredes tienen oídos,
y tu casa está llena de traidores.
—Lo
dices por experiencia —a pesar de que Severus ya le había explicado, sus
razones para abandonar a Draco a su suerte, Lucius todavía le guardaba un poco
de rencor—, ¿me estás amenazando?
—No,
te estoy advirtiendo, es muy peligroso jugar al espía… —antes de que pudiera
decir algo más, fueron interrumpidos por Bellatrix.
—Vaya,
vaya, reunión de señoritas de sociedad, es una lástima que no me hayan
invitado, Lucius, mi amo quiere verte, gracias a tus buenos resultados, va a
encomendarte una misión.
Lucius
se levantó y con un movimiento de cabeza se despidió de Severus y su cuñada.
—¿De
qué hablaban?
—Eso
no te interesa, Bella.
—Tienes
razón, pero de todas manera me enteraré —Bellatrix le mando un beso y le guiñó un ojo antes de salir de la oficina del director.
*****
Ya
habían pasado varias semanas desde que abandonaron Grimmauld Place, los cuatro
chicos se aparecían en lugares solitarios y poco concurridos, el cumpleaños de
Hermione paso casi desapercibido, a pesar de los esfuerzos de sus amigos por
conseguir un pastel o hacer un día especial, simplemente no pudieron, la
presión de esconderse aunado a cargar el Horrocrux, más la poca comida que
podían conseguir, logro echar al caño las buenas intenciones de los chicos.
Habían
descubierto que el Horrocrux modificaba su carácter, los ponía de mal humor
cada vez que alguien lo portaba, mientras Ron se quejaba de todo, Harry
empezaba a ver todo negativo, sentía coraje en contra de todos, mientras que
Hermione se quedaba callada, se volvía más irritable, mientras que a Draco
parecía que no le afectaba del todo, solo permanecía callado cuando portaba el
guardapelo y se alejaba de los demás.
Claro
que todo era en apariencia ya que más de una vez se sintió tentado a mandar
todo a la mierda y entregar a Harry al señor oscuro, pero después de quitarse
el guardapelo sus ansias se calmaban y volvía a ser más racional, sabía que el Horrocrux
tenía una magia negra muy fuerte, la podía sentir en su piel y en sus venas
cada vez que portaba el guardapelo.
Pero
sin duda el más afectado en todo esto era Ron, por lo menos los otros tres
luchaban para no dejarse controlara por el oscuro objeto, mientras que el
pelirrojo se entregaba sin ninguna reserva, siempre se quejaba de la falta de
comida y que estaban haciéndose pendejos, no avanzaban en nada.
—Mi
mamá hace aparecer la comida —dijo Ron después de dejar casi completo un
pescado que Hermione había cocinado.
—Eso
es mentira Ron, nadie puede hacerlo, la comida es la Principal Excepción de la
Ley de Gamp sobre Transformaciones Elemen…
—Y
la sabelotodo hablo… —antes de que Hermione pudiera terminar Ron la había
interrumpido, sorprendiendo incluso a Draco, por la forma de dirigirse a
Hermione.
—Lo
puedes decir en términos comunes…
Hermione
respiró profundo.
—Es
imposible que la comida aparezca de la nada, puedes hacer encantamientos para
convocarla si sabes en donde está, o transformarla o si tienes poco, multiplicarla…
—Pues
será mejor que no multipliques esto, ¡esta asqueroso!
Hermione
se aguantó las ganas de llorar, y miró a Ron de una manera muy fría.
—Harry
y Draco han conseguido este pescado, y yo le he cocinado lo mejor que pude, no
soy tu mamita para cocinar como a ti te gusta.
—Menos
mal que te das cuenta que no sirves para cocinar…
Antes
de que Ron siguiera, Draco se había puesto de pie, amenazando con tomar su
varita, Harry imitó el gesto del Slytherin atento a cualquier ataque, Hermione
trato de serenarse las cosas se habían salido de control y miró a Ron, se dio
cuenta de que tenía el guardapelo, trato de calmarse, antes de que cualquiera
saliera herido.
—Piensas
atacarme, anda hazlo mortífago, ya sabía yo que no podía confiar en ti,
Slytherin de mierda —Ron estaba fuera de sus cabales.
Draco
se acercó tan rápido al pelirrojo que ni Harry y Hermione pudieron hacer algo
para detenerlo.
—Repite
eso pobretón y veras lo que este mortífago es capaz de hacerte.
Hermione
se acercó con sigilo a Draco y puso su mano encima de su hombro izquierdo.
—¡Draco!…
no, por favor, él no sabe lo que dice… él…
—Lo
defiendes, te insulta y aun así lo defiendes, no te entiendo, Granger —mientras
decía esto vio por el rabillo del ojo como Ron mostraba una risa burlona.
—No
lo defiendo, pero está siendo irracional y te está provocando no caigas en su
juego, por favor —Hermione tocaba la mano del Slytherin, la sonrisa que tenía
el pelirrojo desapareció en cuanto la chica dijo estas palabras.
Ahora
Draco sonrió y tomo de la mano a Hermione alejándola de Ron, al ver eso el
menor de los Weasley sintió tanto coraje que lanzo un expelliarmus hacia donde
se encontraban estos dos.
Harry
que estaba atento a los movimientos de todos, se adelantó a su amigo y rechazo
el conjuro, Draco instintivamente oculto a Hermione entre sus brazos, al ver de
lo había sido capaz Weasley, Draco volvió a desfundar su varita y se acercó a
Ron, pero Harry lo intercepto y empezaron a gritarse, Hermione tenía los ojos
llorosos, jamás creyó que Ron, sería capaz de atacarla.
—¡Silencio
los dos!
—Claro,
ahora Potter da la cara por su amiguito de pacotilla.
—Malfoy
cállate… —antes de que Ron dijera algo giro hacia él, enfrentándolo—, y tú
también, pudiste haber herido a Hermione.
Hubo
un silencio sepulcral, entonces comenzaron a escuchar ruidos cerca de donde
estaban, por instinto tomaron sus varitas y se fueron acercando a donde se oían
las voces.
Hermione
saco de su bolso de cuentas unas orejas extensibles de los gemelos, y le dio
una a cada uno de los chicos, Ron la tomo de mal gana, y los cuatro empezaron a
escuchar la conversación ajena.
A
Harry una voz le sonaba totalmente familiar, pero no podía reconocerla, había
más gente, pero entre el sonido del río y las otras voces era muy difícil
distinguir algo.
Se
oían voces agudas, se dieron cuenta que eran duendes, ya que de vez en cuando
hablaban en un idioma extraño, a Draco se le oprimió el pecho al escuchar que
uno de los que estaba ahí era su tío, al que apenas había conocido, y que en
tan poco tiempo le había tomado aprecio, pensó en Tonks y en lo triste que
estaría su tía Andrómeda, escuchaba del porque huía y se escondía como un
vulgar ladrón, miró a Hermione que estaba concentrada en la plática de aquellos
hombres, sin duda, a ella le hubiera pasado lo mismo, si no fuera la mejor
amiga de Potter, estaría en la misma situación que Ted Tonks, Hermione levantó la vista al sentirse observada y le sonrió de forma tranquilizadora a Draco,
gesto que fue observado por Ron.
Los
duendes hablaban de que habían abandonado el mundo mágico después de rehusarse
a cumplir órdenes de los mortífagos, se mostraban felices a pesar de estar
exiliados, alegaban que ellos no tenían partidos en la guerra de humanos, pero
tampoco se expondrían a la venganza de cualquier mortífago.
Mientras
Ted discutía con otro mago, el cual no pudieron distinguir su voz, sobre las
idioteces que publicaba y lo que no, el Profeta, Harry reconoció la tercera
voz, la conocía de hace tanto tiempo, era su compañero Dean Thomas, y al
parecer también estaba escondiéndose de los mortífagos.
Escucharon
con gran interés como el Quisquilloso, apoyaba a Harry, el periódico que alguna
vez Hermione desprecio, porque hablaba de puras idioteces, según ella, ahora
era el periódico más veraz, mencionaba hechos que no aparecían en el diario más
serio de la comunidad mágica.
Un
duende llamado Griphook, mencionó la espada de Godric Gryffindor, decía que la
espada era una perfecta falsificación de la original y al parecer se le olvidó
mencionar este hecho ante los mortífagos que llevaron la espada a guardar a una
de las bóvedas de Gringotts, tanto Hermione como Harry sintieron que se les
paralizaba el corazón por la información recién obtenida.
Harry
se mostraba ansioso, hasta que escucho el nombre de Ginny, los cuatro chicos se
vieron entre sí, la menor de los Weasley se había puesto en peligro, al entrar
al despacho de Snape, junto con dos amigos, que lo más seguro eran, Neville y
Luna. Harry sintió que por un momento dejaba de respirar, preguntándose si la
mujer que tanto amaba estaba en peligro.
*****
Después
del incidente de la espada, Severus decidió hechizar la entrada de su despacho,
para que nadie a excepción de él pudiera entrar ahí, no se volvería a
arriesgar, había castigado a los tres jóvenes, los mando con el guardabosques,
Hagrid, sería el castigo perfecto para ellos.
Esa
noche había reunión en la mansión Malfoy, al parecer lord Voldemort, estaba de
muy mal humor, no encontraba lo que tanto ansiaba y por otro lado Potter, no
daba muestras de vida, lejos de tranquilizarlo lo ponía más alerta.
Lucius
y Snape venían caminando de lados contrarios, así que era inminente encontrarse
frente a frente, Severus se acercó lo suficiente para leer la mente de Malfoy,
lo haría sin varita, pero no contaba con que Lucius fuera una gran
oclumancista, lo miró profundamente y paso junto de él.
—Lo
has hecho bien Lucius —giró sobre sus pasos y regreso al lugar de donde venía.
La
reunión había terminado y cada uno de los principales mortífagos tenía una
misión, que cumplir.
Severus
hablaba con lord Voldemort, había algo que todavía no estaba del todo claro.
—No
entiendo que hacia Yaxley en Grimmauld Place, tú me aseguraste de que Potter no
estaba ahí y de que era imposible entrar.
Antes
de que lo pudiera prever, Voldemort empezó a indagar en la mente de Snape, pudo
ver cuando entro a la casa de Sirius Black, observó que tomaba una vieja foto,
antes de pudiera ver otra cosa Snape cerró su mente y Voldemort salió de ella.
—Muy
interesante Severus, me mentiste aunque entiendo el porqué, sigues pensando en
esa sangre sucia —Snape cerró su mano en puño, tratando de controlarse lo más
posible—, la dulce Lily, la hubieras visto, hasta el final de sus días se portó
como toda una Gryffindor, estúpida, de haberme suplicado le hubiera perdonado
la vida, es una lástima, aunque hay algo más que me intrigo… sin duda es un
lindo recuerdo la foto… y muy interesante…
Snape
miró intrigado a su señor.
—Me
gustaría saber… ¿en dónde está? —y sin decir nada más desapareció de la
habitación.
Snape
entendió el mensaje, Voldemort había visto más allá, poniendo en peligro la
vida, de inocentes.

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