Camarita


sábado, 2 de agosto de 2014

Capítulo 3: La Madriguera

Al momento de llegar, lo primero que vio Draco, Fue montón de cabezas rojas paradas viendo a la Dirección en donde él estaba, no quería estar ahí, cualquiera en su sano juicio lo sabría, pero no había sido suficiente el calvario que había vivido en Hogwarts, no, ahora viviría con los pobretones zanahorios y tal vez con el cara rajada, Draco permanecía adentro de la chimenea de la familia Weasley, sopesando los pros y los contras, definitivamente el viejo si estaba loco, mandarlo a la casa de sus enemigos era casi como mandar un orinal con el señor tenebroso. Lupin Llevaba tiempo observando al chico. Estaba más pálido de lo normal, nadie en la morada se atrevía a decir algo, todos estaban tan indignados como sorprendidos de que el joven mortífago estuviera ahí, era una ofensa para todos los presentes, hasta que hablo Molly, con un tono muy característico en ella la madre.
Ven pasa, no te quedes ahí parado, has de estar muy cansado, cariño ven, te haré algo de comer.
Los gemelos se vieron, su madre en definitivo había perdido la chaveta, darle de comer un Malfoy, después de que él y toda su familia los trataran peor que basura.
Que hace este aquí dijo George.
Remus lo sabía, sabía que esa noche iba ser una larga noche, muy larga para todos.
El profesor Dumbledore, quería que él estuviera seguro con la Orden y que La Madriguera fuese su escondite.
¡Sí, claro!, como él ya no está, es muy fácil decir eso, ¿no?, pero no me ha respondido lunático, que demonios hace él aquí en mi casa, él debería estar huyendo con todos los malditos mortífagos o mejor en Azkaban con su padre.
Fue Suficiente para Draco, que saco su varita y apunto al gemelo.
¡Basta, ya! Arthur, se colocó en medio de los dos chicos, George modera tu lenguaje, estoy seguro que Remus nos explicará todo, y tu jovencito, dirigiéndose a Draco, será mejor que guardes eso, puedes provocar un accidente.
Es mejor que me vaya, prefiero irme al mundo muggle, que vivir aquí.
No es lo que tú prefieras Malfoy, es lo que hay que hacer y tú aceptaste la ayuda de Albus, ssí que es mejor para todos si lo aceptas y si me dejan hablar, se giró hacia los gemelos, les explicaré el por qué estamos aquí —dijo Lupin seriamente.
Bien, pero será después de comer, Draco estas muy delgado y necesitas reponerte y tu Remus también necesitas comer algo después de la Batalla en el Castillo todos necesitamos algo caliente en el estómago.
A pesar de que su hijo había sido herido por un licántropo, y el director de Hogwarts que estaba muerto, la matriarca de los Weasley, tenía una sonrisa en su cara, ella sabía que al ser tan joven y vivir en una familia como la del chico se había contaminado con absurdas creencias.
A Draco, esa mujer le parecía rara, antes le resultaba repulsiva. Pero ahora la encontraba extrañamente agradable, eso hizo que al joven le recorriera un fino escalofrío por la espalda.
Estaba rico, todo lo servido por aquella mujer. Estaba realmente bueno, al Slytherin le parecía uno de los mejores manjares, si hace unos días le hubiesen dicho que estaría en la mesa comiendo de los Weasley, hubiera torturado al osado y más de atreverse a decir que disfrutaría la comida de la madre regordeta, pero ahora todo era diferente, él tenía una oportunidad y se le daría a su familia, aunque no tuviera ni una puta idea de cuál era el plan de Dumbledore, sabía qué tenía que confiar en el viejo, después de todo era uno de los más grandes magos que hayan existido en toda la historia de la magia, pensar en el viejo, le causo al joven un vacío en el estómago, hace unas horas apenas estaba decidido matarlo y ahora parece que tal vez ya habían pasado años desde que estuvo con el profesor en la torre.
Draco recordaba todo lo que paso esa noche, una y otra vez, él había tenido razón en dudar de Severus Snape, siempre quiso el lugar de su padre y ahora al saber el señor oscuro que él había matado al viejo, sin dudas seria su mano derecha, tenía miedo al pensar en su madre, no sabía que iría a pasar con ella y lo peor su padre estaba en Azkaban y quizá él lo pagaría peor, lo que aún no era entendía el porqué de su supuesta muerte, había algo, algo que su mente juvenil no lograba entender, pero por ahora solo quería descansar, olvidarse de todo, despertar y enterarse de que la guerra ya había terminado y de que sus padres estaban a salvo y el buen nombre de los Malfoy era tan respetable como alguna vez la fue, claro que si todo se arreglara solo con desear, no aprenderíamos el verdadero valor de las cosas.
Bien, será mejor que te vayas a descansar, mañana platicaremos, te acompañaré hasta el que será tu cuarto, espero no te importe compartir el cuarto con Ron y Harry, pero dentro de poco celebraremos una boda y habrá muchos invitados.
La señora Weasley seguía hablando, pero para el chico saber que iba a dormir junto a sus dos peores enemigos, se le desenchufo el cerebro, seguía a la pelirroja madre, pero debes en cuando asentía, pero un momento, el dormir en el cuchitril que Weasley llamaba  habitación y sumándole el que Potty estaría ahí no le hacia la menor gracia, es más un gesto de desagrado se dejó ver en su pálido rostro, pero que podía hacer, había pasado de conato de asesino a ser parte de una de las familias más numerosas y cursis que existiera en el mundo mágico, claro que otros adjetivos pasaban por la cabeza del chico, que combinaban con pobreza, muchedumbre y demás calificativos discriminatorios, era cierto que La Madriguera no era ni la mitad de lo majestuoso que su mansión lo era, pero ahí se respiraba un sabor diferente, desde que llego logró percibir una sensación de ¿amor?, paz, había algo en el ambiente que simplemente diferenciaba a su gran mansión de esa casa, algo más que muebles y buen gusto, Draco se sentía protegido y por primera vez sentía calor de hogar.
Draco entró al cuarto de Ron, vio que no era tan grande como su recamara, pero por lo menos se veía decente, aunque no le agradaba el cartel de los Chudley Cannons, no era para comparado con su equipo Puddlemere United, la cama se veía cómoda, pero el solo de pensar que la comadreja se había acostado ahí, era repugnante, demasiado para alguien de la categoría de Malfoy.
Dormirás aquí, no creo que a los chicos les moleste compartir contigo la recámara, ellos llegarán dentro de dos días, y mañana por la tarde me ayudarás a subir otra cama para ti, tenemos la de los gemelos, ellos ahora viven arriba de su negocio, buenas noches cariño, las sábanas y frazadas están limpias.
Buenas noches es lo único que salió de la boca del joven.
Se sentó en la mullida cama y se dejó caer, gruesas lágrimas salía de sus ojos cerrados, tenía miedo, tenía frío, extrañaba a su madre, quería ver un su padre, había sido demasiada presión para un joven de tan solo 17 años, sin darse cuenta se quedó dormido profundamente.
La señora Weasley bajaba las escaleras, triste, oía a sus hijos discutir con Remus, a ellos no les agradaba la idea de que el joven mortífago viviera ahí.
Deberíamos de darle una oportunidad, creo que todos la merecemos.
Pero mamá, él es un mortífago, y fue él, él que dejo entrar a sus amiguitos a la escuela, por él Charlie está herido, por él hay heridos, y por él, Dumbledore está muerto.
Se hizo un gran silencio en el comedor, todos sabían que George tenía razón, tratar de defender a Malfoy estaba siendo una batalla perdida, nadie podía confiar en él, y después de lo ocurrido en Hogwarts.
Mañana será el funeral de Albus, espero que mantengan sus bocotas cerradas en cuanto a Draco, y el de su paradero, nadie, y entiéndalo bien, nadie debe saber de qué está aquí, podría ser peligroso, no solo para su madre, sino para toda la Orden, espero que se queden callados, ni siquiera Harry o Ron, entendieron.
Los gemelos se veían fijamente, tratando de aguantarse la risa, y es que al ver a Remus tan a serio, y tratándoles de llamar la atención, para ellos no funcionaba.
Bueno si es lo que quieres lo haremos, pero con una condición soltó muy despreocupadamente Fred.
No, harás lo que te dijo Remus, sin condiciones, entendiste.
Papá pero…
Nada de peros jovencito, aunque seas mayor de edad y tengas tu propio negocio, seguimos siendo tus padres y tendrás que acatar nuestras ordenes, ¿está claro? la cara de Molly parecía más redonda de lo habitual, y estaba tan roja, que los ojos se veían más claros.
Él es un niño solitario, y necesita apoyo.
Los cuatro hombres que estaban en el comedor se voltearon a ver, y es que a la afable señora, todos, los jóvenes Slytherin o no, eran eso, jóvenes ingenuos que necesitaban un buen guía y amor, sobretodo amor, mucho amor, y ese chico en especial necesitaba sentirse querido.

*****

Ya habían pasado una cuantas horas y Draco había logrado dormir un poco, se sentía ansioso, seguía pensando en sus padres y en Snape, ese maldito lo había engañado, la habitación se comenzaba a iluminar poco a poco por los rayos del sol. A pesar de sentirse tan cansado, tanto emocional como mentalmente, el Slytherin ya no podía conciliar el sueño, cada vez que cerraba los ojos las imágenes de la Torre venían a su mente, así que decidió pararse y husmear un poco en la habitación, era muy distinta a la suya, demasiado sencilla, y sí, se veía un leguas que no solo no tenían dinero, sino también una falta de buen gusto, comenzó a abrir cajones, encontró ropa interior del Gryffindor, cosa que desagrado al joven rubio, en los demás cajones habían viejos libros, túnicas uno que otro calcetín sin par y unos suéteres tejidos en varios colores, se estaba hartando hasta que un punto del cuarto llamo su atención.
Encima de una mesa improvisada como escritorio se encontraba unas fotografías, eran de la familia comadreja y como no de San Potty y el ratón de biblioteca, al chico se le hizo un hueco en el estómago, dentro de poco llagarían y no sabría la reacción de Los Gryffindor, bueno si sabía cómo reaccionarían, eso le daba más miedo.
Entre tantas fotos hubo dos que le llamaron la atención, curiosamente ambas eran de la Hermione, la primera era del baile de Navidad, donde lucia su vestido azul, en verdad se veía muy hermosa, la segunda era más reciente, parecía de ese mismo año, vestía una ropa muggle que le sentaba muy bien, Draco guardo ambas fotografías en el bolsillo de su chaqueta, y continuo investigando.
Al cabo de un rato se oyeron pasos, y actividad en el piso de abajo, el cerrar de la puerta y un silencio que duro menos de diez segundos, pasos otra vez, pero estos se intensificaban cada vez más y más cerca de donde se encontraba el chico.
Toc-toc.
Se puede pasar era la señora Weasley.
Claro está en su casa.
Molly entró cargando un baúl que Draco reconoció inmediatamente, era de él.
—Está mañana Tonks, lo trajo, te será de mucha utilidad, ¿la conoces?
Draco negó con la cabeza.
Es una lástima, la familia debe estar unida.
La familia, la familia de quien, él solo tenía a sus padres y a sus tíos Lestrange, pero nada más.
Vamos abajo, tienes que comer bien, te daré una poción, para esas grandes ojeras tienes.
Draco la siguió, la verdad es que ya estaba harto de seguir encerrado en la habitación de la comadreja. Al llegar a la cocino su olfato fue invadido por un olor extremadamente exquisito, esa mujer sí que sabía cocinar, ya entendía el porqué de su figura.
Draco se sentó, aprovechando que se encontraban solos, la mujer regordeta le sirvió un humeante chocolate, con un pan recién hecho, un par de huevos, salchichas, panqueques, tocino. Parecía que estaba esperando a un ejército.
Anda, ven, come, no seas tímido.
Este… mmm…, ¿no espera una alguien más?
¿Por qué la pregunta querido?
Bueno es que es mucha comida Draco señalo los platos sobre la mesa.
¡Oh! Perdón, bueno, es que si tú vieras como comen mis hijos y Harry, sabrías que esto es apenas un pequeño refrigerio para ellos, pero solo come lo que gustes, anda que va a enfriarse.
El chico sonrió, esa mujer era demasiado amable.
Draco empiezo a comer un poco esa comida, le sabia un a gloria, estaba tomando su chocolate en cuanto entro Errol, la Lechuza de los Weasley, traía el profeta, lo dejo caer sobre la mesa.
El joven lo tomo sin autorización, es y qué estaba acostumbrado a hacer su voluntad, lo abrió y en la primera página aparecía la muerte del viejo director de Hogwarts y la de un joven de Slytherin Draco Lucius Malfoy Black.
Draco dejo la taza y comenzó a leer.

MUERTE EN HOGWARTS

Parece que la gran Institución y de gran prestigio, ya no es la gran fortaleza que solía ser, pues el día de ayer, ocurrió una catástrofe, seguidores del Que No Debe ser Nombrado, entraron con al castillo con el objetivo de aniquilar al gran mago reconocido Albus Dumbledore, lo que nadie se explica es el cómo fue que entraron, ya que en dicha institución es imposible aparecerse, y dudamos mucho que hayan entrado vía red flu, lo que también es de extrañarse es que murió un joven de apenas 17 años Draco Malfoy, hijo del magnate y ahora reo de Azkaban, Lucius Malfoy, su madre la distinguida Narcisa Malfoy se ha negado a hablar con la prensa, es una lástima, ya que si le preguntan a esta humilde periodista, da más de que hablar, tal vez el joven Malfoy fue enviado como conejillo, para que entraran los mortífagos o tal vez él fue el que los dejo entrar, después de todo, su padre, no está en Azkaban tomando vacaciones…

Draco dejo de leer, para que hacerlo, todo lo que se decía era mentira; arrugo el periódico, maldita Skeeter, y pensar que el año ante pasado él estuvo ayudándole a desprestigiar a Potty, y ahora su familia la arrastraba por el fango, era una maldita, una maldita cucaracha, que algún día aplastaría.
Molly le retiro suavemente el periódico, y comenzó a leer su contenido, ahora entendía la reacción del chico y decidió distraerlo de la mejor forma que suele hacer, arreglando la casa.
—Vamos solo tenemos un día para dejar esto brillando y oliendo a pino —la ama de casa que le gustaba representar salió a flote, jalando al Slytherin de su silla.
El rubio no entendía o más bien se negaba entender, él limpiar, si nunca en su vida había hecho algo así, él estaba hecho para que le sirvieran, pero jamás para hacer los labores de los elfos, que la vieja se quedara esperando si creía que él, Draco Malfoy, levantaría un trapo para limpiar ese intento de casa.
—Anda, Draco, toma tu varita y ayúdame a ordenar este caos.
—Mh… mh… perdone señora, pero es que no tiene elfos domésticos, en mi casa tenemos de sobra y si quiere…
—Nada, nada, en tu casa no se pueden enterar de que sigues con vida, y no, no tengo elfos, y aunque los tuviera, creo que a Hermione no le gustaría que los usara.
—Maldita rata de biblioteca —murmuró por lo bajo.
—¿Decías algo?
—¡Eh!… No, nada, es que bueno… yo jamás he limpiado y no creo que sea de mucha ayuda.
—Bah, son tonterías, toma tu varita y empecemos con la acción.
Sin darse cuenta del cómo, el petulante chico estaba arreglando a diestra y siniestra, subió su cama al cuarto de Ronald, sacudió la habitación de Ginny, barrio la estancia y lavo los platos que había ensuciado —vieja maldita—, repetía una y mil veces.
—Bien ha quedado perfecto, ahora vete a bañar, que en unos momentos llegarán mis hijos y Arthur.
Draco trago espeso, una cosa era estar con la señora Weasley, pero otra muy diferente era enfrentarse al clan.
Maldita vieja, de haber sabido que le iba a cobrar el puto desayuno, era mejor que se quedara con el hambre, en su vida había recogido un maldito calcetín, y ahora, se podría graduar de elfo doméstico.
Entro al baño y Comenzó a sentir la deliciosa agua recorrer su cuerpo, el agua caliente le relajaba los músculos, salió del baño solo con una toalla negra rodeada a su cintura, se dirigió a su recamara compartida y se comenzó a vestir, logro escuchar cómo iban llegando los Weasley, este día sin duda iba a hacer más difícil de lo había pensado.
Bajo a comer, y prácticamente fue ignorado por toda la manada de pelirrojos, exceptuando claro está a Molly y Arthur que trataban de hacer más amena la comida.
La tarde paso sin mayor novedad, por la noche llego Bill de la enfermería de Hogwarts acompañado por una bella Fleur, apenas y cruzo el umbral de su casa. Su madre comenzó a sollozar, Draco se sintió mal, pues por su culpa el mayor de los pelirrojos estaba herido.
Sin embargo, Bill no era como los gemelos o como el troll de Ron, él tenía la pinta de un hombre que se daba un respetar. Sin preámbulos se acercó al chico de ojos grises y le tendió la mano.
—Sin rencores, lo que hiciste para salvar a tu familia, fue muy valiente, yo hubiera hecho lo mismo por salvar a los míos.
Draco le contesto el saludo y asintió, después de todo los Weasley no eran tan desagradables.
Después de cenar y lavar sus trastes “voluntariamente”, subió a la recamara que a la mañana siguiente compartiría con sus dos peores enemigos, Harry Potter y Ronald Weasley.

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