Al
momento de llegar, lo primero que vio Draco, Fue montón de cabezas rojas paradas
viendo a la Dirección en donde él estaba, no quería estar ahí, cualquiera en su
sano juicio lo sabría, pero no había sido suficiente el calvario que había
vivido en Hogwarts, no, ahora viviría con los pobretones zanahorios y tal vez
con el cara rajada, Draco permanecía adentro de la chimenea de la familia
Weasley, sopesando los pros y los contras, definitivamente el viejo si estaba
loco, mandarlo a la casa de sus enemigos era casi como mandar un orinal con el
señor tenebroso. Lupin Llevaba tiempo observando al chico. Estaba más pálido de
lo normal, nadie en la morada se atrevía a decir algo, todos estaban tan
indignados como sorprendidos de que el joven mortífago estuviera ahí, era una
ofensa para todos los presentes, hasta que hablo Molly, con un tono muy característico
en ella la madre.
—Ven pasa, no te quedes ahí parado, has de estar muy
cansado, cariño ven, te haré algo de comer.
Los
gemelos se vieron, su madre en definitivo había perdido la chaveta, darle de
comer un Malfoy, después de que él y toda su familia los trataran peor que
basura.
—Que hace este aquí —dijo George.
Remus
lo sabía, sabía que esa noche iba ser una larga noche, muy larga para todos.
—El profesor Dumbledore, quería que él estuviera seguro con
la Orden y que La Madriguera fuese su escondite.
—¡Sí, claro!, como él ya no está, es muy fácil decir eso, ¿no?,
pero no me ha respondido lunático, que demonios hace él aquí en mi casa, él debería
estar huyendo con todos los malditos mortífagos o mejor en Azkaban con su
padre.
Fue
Suficiente para Draco, que saco su varita y apunto al gemelo.
—¡Basta, ya! —Arthur, se colocó en medio de los dos chicos, George modera
tu lenguaje, estoy seguro que Remus nos explicará todo, y tu jovencito,
dirigiéndose a Draco, será mejor que guardes eso, puedes provocar un accidente.
—Es mejor que me vaya, prefiero irme al mundo muggle, que
vivir aquí.
—No es lo que tú prefieras Malfoy, es lo que hay que hacer y
tú aceptaste la ayuda de Albus, ssí que es mejor para todos si lo aceptas y si
me dejan hablar, se giró hacia los gemelos, les explicaré el por qué estamos
aquí —dijo Lupin seriamente.
—Bien, pero será después de comer, Draco estas muy delgado y
necesitas reponerte y tu Remus también necesitas comer algo después de la
Batalla en el Castillo todos necesitamos algo caliente en el estómago.
A
pesar de que su hijo había sido herido por un licántropo, y el director de
Hogwarts que estaba muerto, la matriarca de los Weasley, tenía una sonrisa en
su cara, ella sabía que al ser tan joven y vivir en una familia como la del
chico se había contaminado con absurdas creencias.
A
Draco, esa mujer le parecía rara, antes le resultaba repulsiva. Pero ahora la
encontraba extrañamente agradable, eso hizo que al joven le recorriera un fino
escalofrío por la espalda.
Estaba
rico, todo lo servido por aquella mujer. Estaba realmente bueno, al Slytherin
le parecía uno de los mejores manjares, si hace unos días le hubiesen dicho que
estaría en la mesa comiendo de los Weasley, hubiera torturado al osado y más de
atreverse a decir que disfrutaría la comida de la madre regordeta, pero ahora
todo era diferente, él tenía una oportunidad y se le daría a su familia, aunque
no tuviera ni una puta idea de cuál era el plan de Dumbledore, sabía qué tenía
que confiar en el viejo, después de todo era uno de los más grandes magos que
hayan existido en toda la historia de la magia, pensar en el viejo, le causo al
joven un vacío en el estómago, hace unas horas apenas estaba decidido matarlo y
ahora parece que tal vez ya habían pasado años desde que estuvo con el profesor
en la torre.
Draco
recordaba todo lo que paso esa noche, una y otra vez, él había tenido razón en
dudar de Severus Snape, siempre quiso el lugar de su padre y ahora al saber el
señor oscuro que él había matado al viejo, sin dudas seria su mano derecha,
tenía miedo al pensar en su madre, no sabía que iría a pasar con ella y lo peor
su padre estaba en Azkaban y quizá él lo pagaría peor, lo que aún no era
entendía el porqué de su supuesta muerte, había algo, algo que su mente juvenil
no lograba entender, pero por ahora solo quería descansar, olvidarse de todo,
despertar y enterarse de que la guerra ya había terminado y de que sus padres estaban
a salvo y el buen nombre de los Malfoy era tan respetable como alguna vez la
fue, claro que si todo se arreglara solo con desear, no aprenderíamos el verdadero
valor de las cosas.
—Bien, será mejor que te vayas a descansar, mañana
platicaremos, te acompañaré hasta el que será tu cuarto, espero no te importe
compartir el cuarto con Ron y Harry, pero dentro de poco celebraremos una boda y
habrá muchos invitados.
La
señora Weasley seguía hablando, pero para el chico saber que iba a dormir junto
a sus dos peores enemigos, se le desenchufo el cerebro, seguía a la pelirroja
madre, pero debes en cuando asentía, pero un momento, el dormir en el cuchitril
que Weasley llamaba habitación y sumándole
el que Potty estaría ahí no le hacia la menor gracia, es más un gesto de
desagrado se dejó ver en su pálido rostro, pero que podía hacer, había pasado
de conato de asesino a ser parte de una de las familias más numerosas y cursis
que existiera en el mundo mágico, claro que otros adjetivos pasaban por la
cabeza del chico, que combinaban con pobreza, muchedumbre y demás calificativos
discriminatorios, era cierto que La Madriguera no era ni la mitad de lo
majestuoso que su mansión lo era, pero ahí se respiraba un sabor diferente,
desde que llego logró percibir una sensación de ¿amor?, paz, había algo en el
ambiente que simplemente diferenciaba a su gran mansión de esa casa, algo más
que muebles y buen gusto, Draco se sentía protegido y por primera vez sentía
calor de hogar.
Draco
entró al cuarto de Ron, vio que no era tan grande como su recamara, pero por lo
menos se veía decente, aunque no le agradaba el cartel de los Chudley Cannons,
no era para comparado con su equipo Puddlemere United, la cama se veía cómoda,
pero el solo de pensar que la comadreja se había acostado ahí, era repugnante,
demasiado para alguien de la categoría de Malfoy.
—Dormirás aquí, no creo que a los chicos les moleste
compartir contigo la recámara, ellos llegarán dentro de dos días, y mañana por
la tarde me ayudarás a subir otra cama para ti, tenemos la de los gemelos, ellos
ahora viven arriba de su negocio, buenas noches cariño, las sábanas y frazadas están
limpias.
—Buenas noches —es lo único que salió de la boca del joven.
Se
sentó en la mullida cama y se dejó caer, gruesas lágrimas salía de sus ojos
cerrados, tenía miedo, tenía frío, extrañaba a su madre, quería ver un su
padre, había sido demasiada presión para un joven de tan solo 17 años, sin darse
cuenta se quedó dormido profundamente.
La
señora Weasley bajaba las escaleras, triste, oía a sus hijos discutir con
Remus, a ellos no les agradaba la idea de que el joven mortífago viviera ahí.
—Deberíamos de darle una oportunidad, creo que todos la
merecemos.
—Pero mamá, él es un mortífago, y fue él, él que dejo entrar
a sus amiguitos a la escuela, por él Charlie está herido, por él hay heridos, y
por él, Dumbledore está muerto.
Se
hizo un gran silencio en el comedor, todos sabían que George tenía razón,
tratar de defender a Malfoy estaba siendo una batalla perdida, nadie podía
confiar en él, y después de lo ocurrido en Hogwarts.
—Mañana será el funeral de Albus, espero que mantengan sus
bocotas cerradas en cuanto a Draco, y el de su paradero, nadie, y entiéndalo
bien, nadie debe saber de qué está aquí, podría ser peligroso, no solo para su
madre, sino para toda la Orden, espero que se queden callados, ni siquiera
Harry o Ron, entendieron.
Los
gemelos se veían fijamente, tratando de aguantarse la risa, y es que al ver a
Remus tan a serio, y tratándoles de llamar la atención, para ellos no
funcionaba.
—Bueno si es lo que quieres lo haremos, pero con una
condición —soltó muy
despreocupadamente Fred.
—No, harás lo que te dijo Remus, sin condiciones, entendiste.
—Papá pero…
—Nada de peros jovencito, aunque seas mayor de edad y tengas
tu propio negocio, seguimos siendo tus padres y tendrás que acatar nuestras ordenes,
¿está claro? —la cara de
Molly parecía más redonda de lo habitual, y estaba tan roja, que los ojos se
veían más claros.
—Él es un niño solitario, y necesita apoyo.
Los
cuatro hombres que estaban en el comedor se voltearon a ver, y es que a la
afable señora, todos, los jóvenes Slytherin o no, eran eso, jóvenes ingenuos
que necesitaban un buen guía y amor, sobretodo amor, mucho amor, y ese chico en
especial necesitaba sentirse querido.
*****
Ya
habían pasado una cuantas horas y Draco había logrado dormir un poco, se sentía
ansioso, seguía pensando en sus padres y en Snape, ese maldito lo había
engañado, la habitación se comenzaba a iluminar poco a poco por los rayos del sol.
A pesar de sentirse tan cansado, tanto emocional como mentalmente, el Slytherin
ya no podía conciliar el sueño, cada vez que cerraba los ojos las imágenes de
la Torre venían a su mente, así que decidió pararse y husmear un poco en la
habitación, era muy distinta a la suya, demasiado sencilla, y sí, se veía un
leguas que no solo no tenían dinero, sino también una falta de buen gusto, comenzó
a abrir cajones, encontró ropa interior del Gryffindor, cosa que desagrado al
joven rubio, en los demás cajones habían viejos libros, túnicas uno que otro
calcetín sin par y unos suéteres tejidos en varios colores, se estaba hartando
hasta que un punto del cuarto llamo su atención.
Encima
de una mesa improvisada como escritorio se encontraba unas fotografías, eran de
la familia comadreja y como no de San Potty y el ratón de biblioteca, al chico
se le hizo un hueco en el estómago, dentro de poco llagarían y no sabría la
reacción de Los Gryffindor, bueno si sabía cómo reaccionarían, eso le daba más
miedo.
Entre
tantas fotos hubo dos que le llamaron la atención, curiosamente ambas eran de
la Hermione, la primera era del baile de Navidad, donde lucia su vestido azul,
en verdad se veía muy hermosa, la segunda era más reciente, parecía de ese
mismo año, vestía una ropa muggle que le sentaba muy bien, Draco guardo ambas
fotografías en el bolsillo de su chaqueta, y continuo investigando.
Al
cabo de un rato se oyeron pasos, y actividad en el piso de abajo, el cerrar de la
puerta y un silencio que duro menos de diez segundos, pasos otra vez, pero estos
se intensificaban cada vez más y más cerca de donde se encontraba el chico.
Toc-toc.
—Se puede pasar —era la señora Weasley.
—Claro está en su casa.
Molly
entró cargando un baúl que Draco reconoció inmediatamente, era de él.
—Está mañana Tonks, lo trajo, te será de mucha
utilidad, ¿la conoces?
Draco
negó con la cabeza.
—Es una lástima, la familia debe estar unida.
La
familia, la familia de quien, él solo tenía a sus padres y a sus tíos
Lestrange, pero nada más.
—Vamos abajo, tienes que comer bien, te daré una poción,
para esas grandes ojeras tienes.
Draco
la siguió, la verdad es que ya estaba harto de seguir encerrado en la
habitación de la comadreja. Al llegar a la cocino su olfato fue invadido por un
olor extremadamente exquisito, esa mujer sí que sabía cocinar, ya entendía el
porqué de su figura.
Draco
se sentó, aprovechando que se encontraban solos, la mujer regordeta le sirvió
un humeante chocolate, con un pan recién hecho, un par de huevos, salchichas,
panqueques, tocino. Parecía que estaba esperando a un ejército.
—Anda, ven, come, no seas tímido.
—Este… mmm…, ¿no espera una alguien más?
—¿Por qué la pregunta querido?
—Bueno es que es mucha comida —Draco señalo los platos sobre la mesa.
—¡Oh! Perdón, bueno, es que si tú vieras como comen mis
hijos y Harry, sabrías que esto es apenas un pequeño refrigerio para ellos,
pero solo come lo que gustes, anda que va a enfriarse.
El
chico sonrió, esa mujer era demasiado amable.
Draco
empiezo a comer un poco esa comida, le sabia un a gloria, estaba tomando su chocolate
en cuanto entro Errol, la Lechuza de los Weasley, traía el profeta, lo dejo
caer sobre la mesa.
El
joven lo tomo sin autorización, es y qué estaba acostumbrado a hacer su
voluntad, lo abrió y en la primera página aparecía la muerte del viejo director
de Hogwarts y la de un joven de Slytherin Draco Lucius Malfoy Black.
Draco
dejo la taza y comenzó a leer.
MUERTE
EN HOGWARTS
Parece
que la gran Institución y de gran prestigio, ya no es la gran fortaleza que
solía ser, pues el día de ayer, ocurrió una catástrofe, seguidores del Que No
Debe ser Nombrado, entraron con al castillo con el objetivo de aniquilar al
gran mago reconocido Albus Dumbledore, lo que nadie se explica es el cómo fue
que entraron, ya que en dicha institución es imposible aparecerse, y dudamos
mucho que hayan entrado vía red flu, lo que también es de extrañarse es que murió
un joven de apenas 17 años Draco Malfoy, hijo del magnate y ahora reo de
Azkaban, Lucius Malfoy, su madre la distinguida Narcisa Malfoy se ha negado a
hablar con la prensa, es una lástima, ya que si le preguntan a esta humilde
periodista, da más de que hablar, tal vez el joven Malfoy fue enviado como
conejillo, para que entraran los mortífagos o tal vez él fue el que los dejo
entrar, después de todo, su padre, no está en Azkaban tomando vacaciones…
Draco
dejo de leer, para que hacerlo, todo lo que se decía era mentira; arrugo el periódico,
maldita Skeeter, y pensar que el año ante pasado él estuvo ayudándole a
desprestigiar a Potty, y ahora su familia la arrastraba por el fango, era una
maldita, una maldita cucaracha, que algún día aplastaría.
Molly
le retiro suavemente el periódico, y comenzó a leer su contenido, ahora
entendía la reacción del chico y decidió distraerlo de la mejor forma que suele
hacer, arreglando la casa.
—Vamos
solo tenemos un día para dejar esto brillando y oliendo a pino —la ama de casa
que le gustaba representar salió a flote, jalando al Slytherin de su silla.
El
rubio no entendía o más bien se negaba entender, él limpiar, si nunca en su
vida había hecho algo así, él estaba hecho para que le sirvieran, pero jamás
para hacer los labores de los elfos, que la vieja se quedara esperando si creía
que él, Draco Malfoy, levantaría un trapo para limpiar ese intento de casa.
—Anda,
Draco, toma tu varita y ayúdame a ordenar este caos.
—Mh…
mh… perdone señora, pero es que no tiene elfos domésticos, en mi casa tenemos
de sobra y si quiere…
—Nada,
nada, en tu casa no se pueden enterar de que sigues con vida, y no, no tengo
elfos, y aunque los tuviera, creo que a Hermione no le gustaría que los usara.
—Maldita
rata de biblioteca —murmuró por lo bajo.
—¿Decías
algo?
—¡Eh!…
No, nada, es que bueno… yo jamás he limpiado y no creo que sea de mucha ayuda.
—Bah,
son tonterías, toma tu varita y empecemos con la acción.
Sin
darse cuenta del cómo, el petulante chico estaba arreglando a diestra y siniestra,
subió su cama al cuarto de Ronald, sacudió la habitación de Ginny, barrio la estancia
y lavo los platos que había ensuciado —vieja maldita—, repetía una y mil veces.
—Bien
ha quedado perfecto, ahora vete a bañar, que en unos momentos llegarán mis hijos
y Arthur.
Draco
trago espeso, una cosa era estar con la señora Weasley, pero otra muy diferente
era enfrentarse al clan.
Maldita
vieja, de haber sabido que le iba a cobrar el puto desayuno, era mejor que se
quedara con el hambre, en su vida había recogido un maldito calcetín, y ahora,
se podría graduar de elfo doméstico.
Entro
al baño y Comenzó a sentir la deliciosa agua recorrer su cuerpo, el agua
caliente le relajaba los músculos, salió del baño solo con una toalla negra rodeada
a su cintura, se dirigió a su recamara compartida y se comenzó a vestir, logro
escuchar cómo iban llegando los Weasley, este día sin duda iba a hacer más difícil
de lo había pensado.
Bajo
a comer, y prácticamente fue ignorado por toda la manada de pelirrojos,
exceptuando claro está a Molly y Arthur que trataban de hacer más amena la
comida.
La
tarde paso sin mayor novedad, por la noche llego Bill de la enfermería de
Hogwarts acompañado por una bella Fleur, apenas y cruzo el umbral de su casa.
Su madre comenzó a sollozar, Draco se sintió mal, pues por su culpa el mayor de
los pelirrojos estaba herido.
Sin
embargo, Bill no era como los gemelos o como el troll de Ron, él tenía la pinta
de un hombre que se daba un respetar. Sin preámbulos se acercó al chico de ojos
grises y le tendió la mano.
—Sin
rencores, lo que hiciste para salvar a tu familia, fue muy valiente, yo hubiera
hecho lo mismo por salvar a los míos.
Draco
le contesto el saludo y asintió, después de todo los Weasley no eran tan
desagradables.
Después
de cenar y lavar sus trastes “voluntariamente”, subió a la recamara que a la
mañana siguiente compartiría con sus dos peores enemigos, Harry Potter y Ronald
Weasley.

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