En
la negrura de la noche unas figuras se acercaban a una lujosa mansión.
—Cissy, hermanita, ¿Cómo estás?
La
cara de la menor de las Black, era de total desconcierto, buscaba entre todos
los rostros a su hijo, Draco, sus ojos azules estaban a punto de derramar unas
lágrimas, que luchaban por no salir.
—¡Draco!, ¿Dónde está mi hijo, Bella?
La
bruja esbozo una sonrisa que hizo que a todos los presentes se les erizara la
piel.
—Hm, como decírtelo, veras, el pequeño.
Antes
de que dijera nada, Snape la interrumpió.
—Será mejor que se vallan, ya no es su presencia necesaria,
aquí.
Con
una mano despidió a los demás mortífagos que los acompañaron a la mansión,
cuando los tres se quedaron solos, el mortífago empezó a hablar.
—Cissy, veras, lo que voy a decirte es un tanto difícil, no
sé por dónde empezar, Draco, es un gran chico de una fuerza y una inteligencia…
—Vamos Snape, es, el chico ya no es…
La
mirada de la señora Malfoy estaba desencajada.
—¡Qué quieres decir con eso! —gritó la rubia a su hermana morena.
—Pues eso, hermanita, que Draco fue un chico valiente y
murió tratando de cumplir su misión.
Ante
las frías palabras de Bellatrix, Severus buscaba una forma de explicarse, de
justificar su falla, ante la promesa hecha hace un año ya, mientras tanto
Narcisa, por fin dejaba salir todas las lágrimas que estuvo reteniendo por
tanto tiempo, desde que se enteró cual iba a hacer la misión de Draco, tuvo un
presentimiento, y ese no vaticinaba nada bueno.
—¡Tú, tú prometiste que mi hijo, iba a estar bien, tú me lo
prometiste, hiciste un juramento inquebrantable!, ¿Cómo… cómo es posible que…
que mi hijo este muerto y tú no?
Sin
pensarlo se fue a los golpes en contra de Severus, lo golpeaba en el pecho las
lágrimas le nublaban la vista, era tanto el dolor que sentía, que no existen
palabras para describirlo, cansada de golpear al profesor se dejó caer al
suelo, se abrazaba, su bebé, su hijo, su Draco estaba muerto, no podía con
tanto dolor, como una señora soporto el dolor de ver a su esposo en la cárcel y
lo afronto como la dama de sociedad que es, pero esto, la pérdida de su único
hijo iba más allá de todo dolor, de toda frontera conocida, su llanto poco a
poco se hizo menos audible para los dos mortífagos hasta que solo era un
pequeño susurro.
—Vamos, Cissy, no es el fin del mundo, deberías estar orgullosa,
de que Draco murió tratando de cumplir lo que mi señor le encomendó, y no se
portó como un cobarde o peor aún que se hubiera dejado capturar, como al
patético de su padre.
Dicho
esto la mortífaga soltó una risotada que inundo el salón, sin imaginarse que su
hermana menor, cual resorte se levantó desde el suelo y en dos pasos se acercó
a ella, golpeándole el rostro haciendo que esta cayera al suelo por la fuerza
de la cachetada.
—Eres una maldita Bellatrix, estas seca por dentro, estás
hablando de mi familia, de mi hijo y de mi esposo, ¡claro! como tú no tienes
hijos, nunca conociste el placer de ser madre de tener un esposo el cual te
amara, por lo que eres y no por interés, me das asco —Narcisa mantenía la mirada fija en su
hermana mayor—, y tú, ¿Por qué
no salvaste a mi hijo?, ¿Por qué esta muero y tú no?, ¡anda respóndeme maldito
traidor! —en ese
momento ya no existía la dulce y tierna Narcissa Malfoy, ni la señora de
sociedad, en los ojos de ella se podía leer, el coraje y la tristeza por su
hijo, por su esposo, había perdido todo por culpa del maldito señor tenebroso.
—Cissy, yo, estaba protegiendo a Draco, pero me tenían
vigilado, y cuando llegue a la torre, encontré su cuerpo ya sin vida, lo
lamento —Snape tenía
que fingir, por Draco, por él, por ella…, tenía que ser fuerte y mantenerse
firme.
Después
de las palabras del hombre se hizo un silencio que parecía asfixiante, en ese
mismo instante la rubia recordó algo, algo tan importante que no podía creer
como lo había dejado pasar, la pregunta que rondaba en su cabeza era donde
estaba el cuerpo de su hijo, quería verlo, quería abrazarlo y besarlo por
última vez, necesitaba ver con sus propios ojos que lo que decían esos dos era
cierto.
—¿Dónde está su cuerpo?, lo quiero ver, quiero tener a mi
hijo, por favor, Severus —su voz apenas era audible, se volvió a desmoronar y ya no
pudo contener más sus lágrimas, Bellatrix la observaba con odio, rencor y un
poco de pena, a pesar de que no era apegada a los Malfoy apreciaba a su
hermana, pero esta humillación no se la perdonaría nunca, más tarde se las
cobraría con lo único que le quedaba a su hermana.
—¿Todavía no entiendo, como es que a ti no te paso nada
Severus?, después de todo, tú hiciste una promesa, no?, le prometiste a Cissy…
¡Oh! Ya veo fue muy inteligente de tu parte, solo prometiste cumplir la misión
de Draco si él no podía desempeñarla, ¡muy inteligente!, la verdad se me escapo
ese pequeño detalle, pero, no entiendo —los ojos de la mortífaga empezaron a brillar de una manera
especial, tenía que escupir su veneno—, no se supone que el gran Albus Dumbledore, era más bueno
que la miel, como se atrevió a matar al pobre de Draco, eso no, no lo entiendo,
o acaso alguien más lo mato, cuando yo llegue mi pequeño sobrino estaba ya sin
vida, ¿tú sabes quién lo mato?
Severus
entendió a la perfección el plan de la mortífaga, pero no iba a caer en su
juego, si planeaba poner en contra a los Malfoy y al profesor, este último iría
un paso adelante, no se dejaría intimidar por una estúpida asesina.
—No creo que Albus haya sido capaz de matar a un estudiante,
aun en defensa propia, yo creo que hubo alguien más ahí, no sé quién, pero
habían dos escobas en la torre, ¿lo recuerdas, Bella?
Narcisa
volteo a ver a su hermana mayor, hablaban mucho, decían tanto, pero no le daban
la respuesta que ella necesitaba, la única cosa que quería escuchar era: ¿en
dónde se encontraba su hijo?, tenía que darle una despedida digna de él, digna
de un Malfoy.
—No, no lo recuerdo Severus.
—Por favor —los dos mortífagos giraron a ver a la ama de la mansión—, por favor, ¿en dónde está el cuerpo de
mi hijo? —el profesor
apreciaba a aquella mujer, después de todo consideraba a los tres parte de su
familia, ya que él nunca pudo hacer una propia, y a Draco lo consideraba casi
como su hijo, respiró profundo y paso saliva con gran dificultad, confesarle lo
que había pasado con el joven, no era fácil, no era nada fácil.
—Cissy —respiró nuevamente—, por… por… —como explicar, como explicarle a una madre, que habían
abandonado el cuerpo de su hijo, que el deseo de ella, no se podría cumplir, no
podría darle un adiós como esta deseaba.
—Abandonamos a Draco, bueno, en realidad, Severus, fue el
que dio la orden de dejarlo ahí, como advertencia, ¿no es así?
La
cara de sorpresa que puso el mencionado fue un deleite para la cruel mortífaga.
—No, no es así como lo dices, Bella… Cissy tuvimos que dejar
el cuerpo de Draco, en la torre, no podíamos correr el riesgo, estábamos en
medio de una misión para el señor tenebroso, y se cumplió, sabíamos que podrían
haber bajas, y traer con nosotros el cuerpo de Draco, solo complicaría más
nuestra huida, después de todo teníamos que sembrar el miedo, y matar al
anciano.
Las
palabras salieron así, como si fuese de los más natural, no lo medito, tenía
que ser brutal, si quería asegurarse de que el plan saliera a la perfección y
de que el alma de aquel chico se redimiera.
—Váyanse, los dos ahora de mi casa, largo, ahora.
No
hubo lágrimas, ni siquiera gritos, las últimas palabras, causaron una gran
conmoción en la dama, con una elegancia natural giro dándole la espalda a los
dos presentes y se encamino hacia la salida de la habitación.
—Ya saben por dónde está la salida —fueron sus últimas palabras antes de que
su figura pasara el umbral de la puerta.
*****
Draco
llevaba horas en esa incómoda posición, con exactitud no sabía cuántas; después
de que viera a Severus Snape matar al único hombre que lo ayudo a salir de ese
abismo negro en el que se estaba consumiendo, pensó que ya nadie podría
ayudarlo. De la nada vio como la figura de Potter, salía de quien sabe de
dónde, dejándolo en la total oscuridad perdiéndose en el marco de la puerta, a
lo lejos escuchaba gritos de sus compañeros, niños que no tenían nada que ver
con esa absurda pelea, jóvenes que tenían toda una vida por delante y que ahora
luchaban en contra de mortífagos y un hombre lobo, sedientos de venganza, con
deseos de matar, importándoles muy poco la edad de sus oponentes.
Sentía
un hormigueo en su cuerpo, le recorría desde la punta del dedo pequeño del pie
hasta la punta del cabello, estaba tenso, los gritos y las explosiones habían
cesado, ahora todo estaba en una inquietante calma, escucho unos pasos
acercándose a la torre, una figura algo encorvada se vislumbraba desde las
sombras que la luna reflejaba en la puerta, lo reconoció apenas se adentró al
cuarto oscuro, sus ojos estaban cansados, su mirada vacía, pero sabía que no lo
vería, nadie sabría que él estaba ahí.
—Finite incantatem —Remus Lupin pronuncio este hechizo y vio como el cuerpo de
Draco Malfoy caía al piso como un saco de papas, el slytherin estaba entumido,
sentía como su cuerpo iba poco a poco recuperando su movilidad, Draco alzo la
vista para agradecerle a su antiguo profesor, pero antes de que pudiera
pronunciar palabra alguna, el licántropo se acercó al joven.
—No digas nada —sus palabras no demostraban ninguna emoción, el chico
asintió—, puedes
caminar, ¿necesitas más tiempo para recuperarte?, nadie puede vernos, recuerda
que ahora estas muerto, te llevare a la base de la Orden ellos te protegerán,
has decido lo correcto, con el tiempo veras que ha sido la mejor decisión, bien
vámonos, iremos al despacho de… —en ese momento al antiguo profesor se le atoraron las
palabras en la garganta, viajarían por medio de polvos flu, hacia el cuartel de
la Orden, solo que eso implicaba viajar por la única chimenea que en esos
momentos se encontraba vacía, la de Albus Dumbledore, el joven entendió, y solo
asintió, dándole así, valor al cansado hombre.
Caminaron
con demasiado sigilo entre las fríos pasillos del castillo, ninguno de los dos
hablaba, cada uno sumergido en sus pensamientos, Draco tenía tantas preguntas,
pero sabía que no era el momento, no sabía que iba a pasar con él, que pasaría
con su madre, como se tomaría lo de su supuesta muerte, era así como el viejo
profesor lo ayudaría, a él y a sus padres, fingiendo su propia muerte, y
después de eso que, a donde iría, en donde estará el recinto de la tal Orden,
lo aceptaran, lo mandarían a Azkaban, el joven tenía muchas dudas en su mente y
no se mostraba nada alentador, después de todo él era el principal culpable de
la muerte del director de Hogwarts, gracias a él pudieron entrar los mortífagos
al castillo, antes de que el joven siguiera con sus interrogantes supo que
había llegado al despacho de su antiguo director.
—Bellotas dulces —la gárgola que resguarda la dirección se fue moviendo para
darles acceso a los dos hombres que se encontraban ahí, subieron las escaleras
y ahí entre las paredes de vieron el retrato de Dumbledore, dormido, a Draco le
recorría un frio por la espalda.
—Profesor —el chico no sabía cómo dirigirse al hombre que estaba a su
lado—, ¿Adónde
exactamente vamos? —Remus
lo observo y sonrió, era sincero con ese gesto, Draco siempre ha sido orgulloso
y altanero, pero en ese momento se mostraba como un dócil niño, se acercó al
joven.
—No te preocupes estarás, seguro.
—¿Pero a dónde vamos?
—Ya te dije, nos iremos con los miembros de la Orden —Lupin lo observó detenidamente—, ellos te protegerán, vamos con los
padres de Ron y Ginny Weasley, viajaremos a la madriguera.
El
slytherin se paró en seco, ¿irían a dónde?, no, él no iría ahí, ni loco, ni en
sus más torcidos sueños, ni aunque fuese el lugar más seguro, jamás pondría un
pie en la casa o en ese lugar lleno de comadrejas, nunca viviría en el hogar de
uno de sus principales enemigos.
—Vamos, Draco, no seas tímido, es hora de irnos —el joven sintió como el antiguo profesor de
DCAO, lo jalaba y lo llevaba hasta la chimenea, se sentía como un niño jalado
por su padre para ir a la escuela, de pronto una llamarada verde lo cubrió.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario