Harry
iba llegando a la torre junto a Dumbledore; todo estaba en penumbra, solo lo
iluminaba la marca tenebrosa que brillaba en el cielo, se oyeron unos pasos
acercándose hacia la torre, antes de que Harry hiciera cualquier movimiento se
sintió rígido y fue ocultado tras un estante, vio como la imagen de Draco
Malfoy se reflejaba en el marco de la puerta, acababa de desarmar al director
Albus Dumbledore y se acercaba peligrosamente a él.
—Bienvenido Draco, hace tiempo que te esperaba —ironizó el viejo profesor.
—¿En serio? ¿Está solo viejo loco o hay alguien más con usted?
—señalando las
dos escobas que se encontraban en el piso cerca de la puerta.
Dumbledore
sonrió.
—Creo que el que debería preguntar eso, soy yo, ¿no crees?
—Usted ya no tiene por qué fingir, sabe porque estoy aquí,
lo sabe, ¿no? —Draco estaba
nervioso, le temblaba la voz al hablar, por su frente surcaban pequeñas gotas
de sudor.
—Así es Draco, lo sé, y creo que deberías hacer ya tu
trabajo, no aplazarlo más, creo que a Tom, no le gusta esperar.
—Usted, realmente no sabe porque he venido —lo gritó tan fuerte que su eco retumbo
en las paredes frías de la torre.
—Claro que lo sé. Has venido a matarme, ¿no es así? Bien,
haz tu trabajo, iníciate como mortífago, acaba con tu misión de una vez —a pesar de lo frío de las palabras, el
viejo director se mostraba tranquilo y con una mirada serena.
Draco
se le quedo viendo, no esperaba enfrentarse así de frente al anciano profesor,
estaba ansioso, como esperando algo o alguien, volteaba a todos lados, buscando
una salida, una falla, una esperanza, pero se encontraba solo, y delante de su
víctima.
—¿Y bien? No dices nada, creo que has tardado mucho en
completar tu misión, ¿no crees? a Él no le gusta esperar.
—Cállese viejo idiota, estoy a punto de matarlo, ¿no se da
cuenta?
—No Draco, el que no se da cuenta eres tú, todo este lapso
has tenido el suficiente tiempo para hacerlo, estoy desarmado, y sin embargo,
estamos charlando, de hecho, has sido más que obvio al intentarlo, primero con
el collar, que dañó a Katie Bell, y después el hidromiel envenenado que por
poco y mata a Ron Weasley, tengo la impresión que querías que te descubriera,
¿no es así?
El
joven Slytherin estaba pálido, más de lo habitual.
—¿Y por qué no hizo nada para detenerme? Pudieron haber
muerto esos dos.
—Pudieron, tú lo has dicho, pero están vivos, como tú y yo,
ha sido ingenioso realmente como has tratado de deshacerte de mí, pero te has
descuidado, ninguno de tus dos intentos dio resultado, sin embargo, tengo
curiosidad por saber, ¿Cómo lo has hecho tú solo, sin que nadie te ayudara? Has
sido muy inteligente y hábil si me permites decirlo.
El
joven se sintió confundido, lo estaba elogiando, como si le gustara la idea de
morir al profesor.
Draco
sonrió, después de todo si estaba chiflado Dumbledore.
—Sí, lo he hecho yo solo, claro que con la ayuda, ¿De quién
lo diría? La sangre sucia de Granger, claro que la muy tonta no se dio cuenta,
ella y su gran bocota, por demostrar que lo sabe todo ha sido de mucha ayuda,
fue ella quien me dio la magnífica idea de envenenar el licor que tomó el
pobretón de Weasley, oí como le decía a Potter que Filch no sabía distinguir
las pociones.
—Ingenioso, realmente muy ingenioso, sabias que él no
sospecharía de Rosmerta, ¿cierto? y perdona mi curiosidad, pero ¿Cómo te
comunicabas con ella?
Draco
volvió a sonreír.
—Ya se lo dije, gracias a la estúpida sangre sucia. Un
método que usó el año pasado con el ejército de Dumbledore, galeones falsos;
así Rosmerta me decía si usted iba al pueblo, cuando llegaba y con quien iba.
—Te agradecería que no uses ese lenguaje por favor, tal vez
más tarde te puedas arrepentir de llamar de esa manera a la señorita Granger,
es una bruja muy inteligente y talentosa.
—¿Le preocupa mis modales? En este momento tengo su suerte
en mis manos, en el que estoy a punto de matarle, creo que se preocupa mucho
por esa chica, ¿no cree? Después de todo ella y todos los de su clase morirán.
—Te equivocas, yo tengo tu suerte en mis manos, o dime ¿Por
qué no has acabado conmigo? Creo que tú no eres ningún asesino Malfoy, de ser
así, yo no tendría esta amena charla contigo, todavía estas a tiempo, a tiempo
de cambiar de bando, tus actos no han perjudicado a nadie.
—Usted no entiende, ¿cierto? Ya no tengo tiempo, esta noche,
aquí hay mortífagos en su castillo.
Un
fuerte estruendo vino desde afuera, se oía un caos, Harry trataba de moverse
inútilmente, escuchaba los gritos, tenía miedo por sus amigos, por Ginny, veía
al viejo más acabado, ya casi no se podía sostener en pie, sin embargo, trataba
de convencer a Draco, como si esto fuera posible.
—Lo sé, y también deberías saber que hay miembros de la
Orden del Fénix aquí, así que hablemos de tus opciones.
—Yo no tengo opciones, tengo que matarlo, o Él me matará…
matará a mi familia.
—Sé por lo que has pasado, y por lo que estás pasando, pero
todavía estás a tiempo de ser parte de la Orden. Draco, tú no eres ningún
asesino; créeme, sino ya me hubieras matado sin piedad.
Draco
dudaba, le temblaba la mano.
—¿Y mis padres? ¿Qué pasará con ellos? ¿Qué pasará conmigo?
Dumbledore
sonrió y con profunda calma, miró al joven Slytherin.
—No te preocupes por ellos, estarán bien, ¿Entonces esto
significa que desistes de tu encomienda impuesta por Voldemort?
—Yo no he dicho eso, mis padres… ¿Qué pasará con mi madre?
Está sola en la mansión y mi padre en Azkaban… —Draco tragó saliva con bastante dificultad.
—Entonces ¿Qué es lo que quieres? Yo no dispongo de mucho
tiempo, tus amigos están aquí y pronto llegarán a la torre a ver si cumpliste
ya tu misión, como te dije antes, tu familia estará bien, Snape se hará cargo
de ellos.
—¿En serio confía en él? Es un espía doble, todo este tiempo
ha pasado información a Lord Voldemort.
—Confió en él, y tú deberías hacer lo mismo —Dumbledore giró su vista hacia donde se
encontraba Harry y suspiró—. Bien dime, ¿Confiarás en nosotros, en la Orden, en Severus
y en Harry y sus amigos, serás parte de nosotros Draco?
Malfoy
trataba de digerir las palabras del viejo profesor, bajó su varita, donde Harry
pudo divisar una marca verde de su blanquecino brazo.
—Sí, lo haré, pero tiene que prometerme que ellos estarán
bien, que seguirán con vida, que… —antes de que Draco siguiera hablando llego Severus Snape,
veía de hito en hito al joven mago y al viejo director.
—Severus, él ha aceptado.
Snape
alzó su varita y apuntó hacia Draco, en un instante al igual que Harry el
Slytherin estaba paralizado y no podía moverse.
—¡Duplo! —exclamó y apareció un doble de Malfoy, al que sin
miramientos Severus le lanzó un hechizo que hizo que cayera al suelo, estaba
con los ojos abiertos y la mirada perdida, el gemelo del chico parecía que
estaba muerto, volvió alzar su varita y mimetizó a Draco con los muebles del
lugar. Viendo al anciano asintió con la cabeza, el profesor Dumbledore entendió
el mensaje, apenas podía sostenerse por sí solo, y sin varita o hechizo
pronunciado, formó un patronus que voló hacia la ventana, perdiéndose entre la
negrura de la noche y la poca luz que desprendía la marca tenebrosa.
De
pronto y sin ser invitados llegaron tres mortífagos Harry y Draco los
reconocieron en el instante que pasaron el umbral de la puerta.
—¿Qué ha pasado Severus? —preguntó uno señalando el cuerpo del doble de Draco—. ¿No es el hijo de Lucius? Creo que no
le agradará el saber que su único hijo ha muerto.
—¿Bromeas? Se sentirá muy orgulloso al saber que Draco murió
en el intento —esta vez
Harry, reconoció la voz de la mujer que iba entrando, era Bellatrix, de aspecto
lúgubre, ella no tenía la máscara puesta, su mirada parecía la de una
desquiciada, ni siquiera se inmutó al ver el cuerpo de su sobrino, parecía
feliz—. Siempre
supe que Draco era muy débil, la pobre de Cissy sufrirá, pero es mejor esto,
que el saber que su hijo era un cobarde —lo dijo señalando el cuerpo de su sobrino.
—¿Y bien Severus, qué esperas? ¿Vas a matar al viejo o lo
hago yo?
—Severus, por favor —la voz del director temblaba.
A
Draco le parecía casi imposible creer lo que su tía había dicho, y el ver que
Snape apuntaba hacia el director.
—¡Avada Kedavra!
De
la varita del hombre salió una luz verde que apuntó directo hacia el pecho del
director, haciéndolo volar entre las cabezas de los mortífagos, cayendo al otro
lado de las almenas perdiéndose de vista. Para los dos chicos parecía un sueño,
el viejo director había sido asesinado por uno de los profesores del colegio,
Harry gritó, pero no se escuchó gracias a su inmovilidad. Draco estaba tan
asombrado de que su padrino fuera un asesino, el verlo fue demasiado para el
joven rubio, que sentía ganas de vomitar, pero al igual que el Gryffindor, no
pudo mover ni un pelo.
—Bien, es tiempo de irnos, hay que llevarnos el cuerpo de
Draco, supongo que mi hermana querrá enterarlo.
—¡No hay tiempo, Bella, déjalo aquí como advertencia!, que
los demás sepan que con el Señor tenebroso nadie puede y no hay favoritos —Snape pasó de lado de Bellatrix,
rodeando el cuerpo del joven Slytherin, esbozó una sonrisa, que provocó que al
mismísimo Draco se le erizara la piel.
Los
mortífagos salieron de la torre, siendo el último Severus Snape que dio un
último vistazo hacia donde se encontraba Draco.
—Cuídate —y
dicho esto salió de la torre, en cuanto Severus cerró la puerta de la torre,
Harry sintió que podía de nuevo moverse, se quitó la capa de invisibilidad
corriendo tras él, dejando a Draco en la penumbra de la torre.

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