Camarita


domingo, 28 de septiembre de 2014

Capítulo 6: La llegada de Hermione

Harry caminaba de un lado a otro, no se podía concentrar en nada, primero su sueño y ahora esto, ¡por Merlín! Que nadie entendía como se sentía, la señora Weasley trataba de calmarlo sin ningún logro, estaba peor que león enjaulado, Ron no estaba mejor, tenía sus ojos llorosos, sus lágrimas luchaban por quedarse en sus ojos, Ginny por su parte las dejaba salir sin ninguna reserva, su mejor amiga estaba en peligro y nadie de los presentes hacia algo por ayudarla.
Draco se sentía incómodo ante esa situación, antes le hubiera valido madre la suerte de la Gryffindor, pero ahora, las cosas eran diferentes, se había encariñado en poco tiempo con esas personas, tal vez porque el último año para él, fue el más lleno de soledad y de introspección, el amor de Molly le había ayudado mucho, si bien no reemplazaba a su madre, por lo menos era un gran aliciente para esos momentos en los que se sintió perdido y a la deriva.
—Harry, cariño, trata de tranquilizarte no sirve de nada que te alteres, ya Remus fue a verla no te preocupes, ella va a estar bien, veras que si —la señora Weasley trataba de creerse sus propias palabras.
—Perdón señora Weasley, pero no puedo, simplemente no puedo, Hermione puede perder la vida, yo tengo que salir ayudarla, ella siempre ha estado junto a mí, si yo la perdiera, no quiero pensarlo, por favor déjeme salir, ayudar a Remus y Tonks.
—¡Harry! Relájate, nosotros iremos a ver qué es lo que sucede con Hermione, tú te quedaras aquí junto con los otros —Charlie sonaba bastante enérgico, se acercó a su madre y le hablo al oído, Molly simplemente asintió con la cabeza.
—Nosotros también nos vamos —exclamaron al mismo tiempo los gemelos y salieron sin decir palabra alguna del incidente.
Charlie, Bill y Fleur fueron los siguientes en abandonar La Madriguera, antes de salir, el dragonolista observo a su madre y después de esto cerró la puerta.
Molly sin ni siquiera pensarlo hizo un conjuro en silencio y les arrebato las varitas a los cuatro jóvenes, sabía muy bien que sus hijos y Harry no se quedarían con los brazos cruzados, y Draco bueno más valía prevenir, no.
Los cuatro chicos se observaban entre sí, no lo podían creer, la señora Weasley los había desarmado sin pronunciar una puta palabra, simplemente iba más allá de una sencilla ama de casa.
—Lo siento chicos, pero conociéndolos, sé que tramarían algo para ir a buscar a Hermione, si no es que ya lo habían pensado, ahora es cuestión de esperar.
Harry estaba rojo de la impotencia, sí, la señora Weasley lo había dejado sin varita, y ahora como demonios haría para salvar a Hermione.
—Señora Weasley, entiendo su preocupación, pero es mi amiga la que está en peligro, si le llaga a pasar algo, seria por mi culpa, tengo que ayudarla, tengo… —Harry fue callado por el señor Weasley.
—Harry te entendemos, pero por favor, entiéndenos tu a nosotros —Arthur vio a su esposa y continuo hablando—, Hermione ha estado en una misión, misión que ella misma se impuso, no te puedo decir de que se trata, pero está bien, Kingsley y los demás Aurores la vigilan, si todo sale bien esta noche estará con nosotros, no creo ser el indicado para decirte algo más, solo te pido en que confíes, ella va a estar bien.

*****

Eran cerca de las seis de la tarde y no había noticias de Hermione, Harry y los hermanos Weasley estaban desesperados, Draco solo los observaba, nunca pensó que le preocuparía tanto la vida de la castaña, bueno a estas alturas ya nada lo podría sorprender.
—No hay noticias, ¡MALDITA SEA!
—Ron tranquilízate, hay que confiar en lo que dice papá, Hermione va a estar bien.
—¿Cómo demonios quieres que me tranquilice Ginny? No sabemos nada, y a estas alturas me vengo enterando de que Hermione está en una puta misión, arriesgando su vida y nosotros como si nada, que no lo entiendes.
Harry estaba molesto, no le gustaba como Ron le hablaba a Ginny, intento frenarlo, pero la puerta de golpe se abrió, Molly entraba a la habitación para avisar que bajaran a comer algo, desde que todo había empezado ninguno de los cuatro chicos había probado bocado, los Gryffindor por falta de apetito y Draco por solidaridad, aunque a este último su estómago le pedía alimento de una manera demandante.
En el comedor de los Weasley se podía cortar la tensión con un cuchillo, los seis presentes evitaban verse a la cara, los mayores evitando contestar preguntas y los jóvenes, evitando ignorar la rabia y la impotencia de esa situación.
Cerca de la ocho de la noche la señora Weasley mando a todos a su respectivo cuarto, alegando que a ella la ponían más nerviosa de lo que en realidad estaba.
Ya en su cuarto los tres chicos trataban de adivinar cuál era la misión de Hermione, porque se la había asignado ella misma o tal vez eso era una mentira de Arthur Weasley para mantenerlos calmados.
Ginny entro al cuarto de los tres chicos, se veía bastante asustada.
—¡Harry! Ven pronto a mi habitación necesitas ver algo.
El ojiverde salió de la habitación seguido de Draco y Ron.
Al llegar a la habitación de la pelirroja Harry buscaba algo sin saber a ciencia cierta que era, la chica le señalo la ventana y él se asomó, a lo lejos se veían tres siluetas, no podía distinguirla por la oscuridad, de pronto se reconoció, el venía acompañado de Remus y otro Harry muy mal herido, ¡Merlín! Sus ojos lo estaban engañando, había dos Harry's acompañando al licántropo y su vista no le fallaba uno sangraba de un lado de la cabeza.
Harry sin dudarlo bajo a la sala esperando, la respiración la tenía entrecortada, al abrirse la puerta, vio al licántropo y a sus dobles entrando.
—¿Quién eres? Identifícate —bramo el señor Weasley.
—Me llamo Remus John Lupin, alias lunático, mi esposa es Nymphadora Tonks y fui convertido por Greyback —contestó el licántropo.
—¿Quién está herido?, ¿Qué paso? —la señora Weasley estaba atemorizada.
—Soy yo mamá, George, el maldito de Snape me hirió —el chico se retorcía de dolor.
El rostro de los señores Weasley era de total desconcierto uno de sus hijos estaba muy mal herido.
—Tranquilo hijo, te curaremos.
—¿Quién…, quién eres tú? —señalaron al otro Harry que tenía cara de espanto.
—Soy Fred, estoy bien por si a alguien le interesa —el gemelo trataba de relajar la tensión.
—¿Con quién venias? —preguntó el señor Weasley, mientras que su esposa buscaba pociones para curar a George.
—Tonks, ella se quedó con sus padres, alguien dio un aviso, alguien nos traiciono, sabían que hoy íbamos a sacar a Harry de su casa.
—¡QUE! —contestó Harry, por primera vez hablaba, después de ver y tratar de asimilar lo que estaba pasando—, ¿Quién?, ¿Cómo…? —fue lo único que pudo articular Harry, los otros chicos estaban igual de atontados que el joven de gafas, esto no tenía ni pies, ni cabeza.
—Harry, por favor no es el momento, espera a que lleguen los demás, por favor —el licántropo estaba igual de impaciente.
Se oyeron pasos afuera de la casa, Arthur y Remus tomaron sus varitas y se asomaron.
Bill entró alzando los brazos.
—Soy yo, Bill Weasley el mayor de tus hijos y próximo a casarme con Fleur Delacour, fui prefecto y premio anual en Hogwarts —dicho esto bajo los brazos, abrazando a su prometida que tenía los ojos llorosos y tenía la forma de Harry, el joven Gryffindor deseo nunca más volver a ver esa imagen tan patética—. Moody murió, vimos cuando cayó de su escoba, no pudimos hacer nada, lo siento —todos hicieron un silencio, el menor de los hermanos fue el que lo rompió.
—¿Y Hermione, en donde esta?, ¿Qué pasa con ella?, ¿Bill está bien?
—Ella viene en camino, venia resguarda por Kingsley y Charlie, no te preocupes, es cuestión de esperar.
Ginny abrazo a su padre.
—¿Qué es lo que pasa?, tenemos derecho a saberlo —la chica tenía los ojos llorosos, sin duda al ver a uno de sus hermanos heridos y el saber que su mejor amiga estaba en peligro la ponía en un estado de total vulnerabilidad.
Bill suspiró.
—Creo que es tiempo de que sepan todo —vio a sus padres y a Remus, los tres estuvieron de acuerdo, la señora Weasley les ofreció un whisky de fuego a los recién llegados y te a los cuatro jóvenes, todos se encontraban reunidos en la sala, la oreja de George no se pudo salvar, ya que lamentablemente se usó magia negra y le fue imposible a Molly Weasley resarcir el daño.
—Bien, como sabrán… —de nuevo se escucharon pasos en el jardín de los Weasley, esta vez era Tonks, que traía una cara de desolación.
—Está muerto, Remus, está muerto Moody… —fue lo único que pudo decir, las lágrimas se hicieron venir y fue a abrazar a su esposo.
Ninguno de los presentes dijo nada, poco a poco George, Fred y Fleur volvieron a ser ellos, dejando atrás los estragos de la poción multijugos.
Remus abrazaba a su esposa tratándola de consolar, todos sin duda estaban más que nerviosos, ya había pasado cerca de una hora y no había rastro alguno de Hermione.
La puerta se abrió de golpe, era Charlie, venia solo no se veía por ninguna parte a Hermione o a Kingsley.
—Qui… —Arthur iba a interrogarlo cuando la puerta volvió abrirse dejando entrar a la imponente figura de Kingsley Shacklebolt , atrás de él, aparecía la figura menuda de Hermione Granger.
Harry sin dudarlo, fue corriendo a abrazar a su amiga, pero Remus lo detuvo y apunto su varita a los tres recién llegados.
—¿Quiénes son?, identifíquense.
—Vamos hombre, que estamos molidos, yo soy Charlie —apuntándose con un dedo—, y ellos —señalándolos con el dorso de su mano—, son Hermione Granger, quien fungió durante todo este tiempo como Harry Potter y el Kingsley, Auror y…
—¡Ya, ya…! Ya sabemos que son ustedes, hermanito, solo que a Remus le gusta jugar al lobito alfa —Fred ironizo, todos estaban hasta la madre de aquella misión.
Hermione se encontraba en el marco de la puerta, estaba cansada y bastante atemorizada, su cerebro trabajaba a mil por hora, sintió unos brazos alrededor de su cintura, ese roce la hizo salir del trance en el que se encontraba y respondió el abrazo.
Draco la observaba, la recordaba diferente, hace cuanto tiempo que no la veía, a pesar de llevar ropa por lo menos dos tallas más grande de lo que era en realidad la chica, a pesar de verse así, tan sucia y tan desprotegida, había algo en ella que atraía de forma inconsciente a Draco, no dejaba de verla, ahora era el turno de mini Weasley de abrazarla, y por último la comadreja, que desde que la castaña arribo a La Madriguera, se notaba que quería saltarle y tomarla ahí mismo, era muy malo tratando de ocultar sentimientos, mientras que el Slytherin se mantenía calmado, la veía de arriba abajo, escaneándola, tratando de encontrar un defecto, algo que la hiciera desagradable a la vista, pero no había nada, simplemente la chica físicamente era perfecta.
—Voig a bañagme, me siengto hogible con egsta rogpa, Hegmione, me alega que ya egstes con nous —la chica francesa hizo un ademan muy femenino, a pesar de llevar la ropa de Harry y se despidió de la familia Weasley.
Este hecho hizo que Draco dejara de observar a la chica que recién había llegado, y se enfocara en los demás, parecía que Potty, estaba impaciente y quería saldar cuentas con su amiga castaña.
—¡Hermione!, creo que nos debes una explicación, de hecho creo que todos me la deben, ¿y en donde demonios esta mi varita?
—Yo la tengo querido, en un momento te la entrego, a ti y todos ustedes —Molly se adelantó antes de que protestaran los otros tres chicos.
—Bien, Harry, creo que es necesario que sepas la verdad —Hermione se sentó en un mullido sillón de la sala de los Weasley—, después de la muerte de Dumbledore, me di cuenta que ya no tendrías más protección, es decir, tú sabes que últimamente han buscado cualquier motivo, por mínimo que sea para echarte de Hogwarts o… —la chica levanto la mano—, déjame terminar, o para poner tu vida en peligro, como hace dos años con los dementores, ¿lo recuerdas? —la chica hizo una breve pausa, para poner en orden sus ideas—, bien pues sin la protección del director serias un blanco más fácil para cualquiera que quisiera hacerte daño, desde Voldemort hasta el mismísimo ministro de magia, por eso decidí con la ayuda de Remus  —la castaña vio de reojo al mencionado, este la animo a proseguir con su relato—, hacerme pasar por ti, no fue muy agradable pasar tiempo con tus tíos, realmente no son muy agradables, sabes, pero era necesario.
—¿Pero por qué tú? ¿Qué tal si hoy hubieras muerto?, Moody murió, ¿lo sabías?
Hermione, que había conservado la calma, en ese instante la perdió, ella no sabía nada, pensaba que el Auror se había desviado o todavía no llegaba, sin proponérselo empezó a llorar en silencio, las lágrimas salían de sus ojos naturalmente.
—Bien hecho Potter, ahora no sabremos más.
Hermione que no había reparado en Draco, le envió una mirada de hielo, al chico le sorprendió que no preguntara nada sobre él, lo que quería decir que ella sabía que estaba vivo y que vivía ahora con los Weasley.
—Ya Hermione, tranquila, toma —Ron le paso un pañuelo, y después de esto paso su brazo sobre el hombro de la chica, evitando ver a todos, que tenían su vista fija en la chica.
Hermione hipo un par de veces y se tranquilizó.
—Gracias Ron, ¿Cómo murió?, hace apenas unas horas lo vi, estábamos planeando, como llegar a aquí.
—Cayo de su escoba a gran altura —dijo un Bill cabizbajo.
—¿Y qué paso con el otro que venía con él?, ¿cuál era su nombre?, Mundungus, me parece, ¿cierto? —Charlie se veía igual de atónito que la castaña, él le tenía aprecio al loco Auror.
—No lo sé, simplemente desapareció, yo venía con Fleur, no podía descuidarla.
—Entiendo.
—Hermione, quieres terminar, por favor —Harry se mostraba bastante impaciente.
—Bien, en donde me quede, a sí, yo decidí ser la que te sustituyera, porque soy la que más te conoce, bueno también Ron, pero él no sabe nada del mundo muggle y sería más fácil delatarse, ¿no crees?, además tenía que estar pendiente de mis padres y otras cosas.
Harry sonrió su amiga era bastante valiente y astuta, solo a ella se le hubiera ocurrido una idea así, ahora fue él quien paso un brazo sobre los hombros de su amiga.
—Pero, ¿Por qué tú?, es decir porque exponerte así —preguntó Ginny, un tanto molesta por la atención que Harry le prestaba a Hermione.
—Bueno, porque si alguien trataba de hacerme daño, bueno a Harry, no hubiera pasado nada, solo hubieran dañado a una sangre sucia —Hermione lanzo una mirada de reto hacia Malfoy, este solo la ignoro.
—No te digas así, Hermione, nosotros no creemos en esas estupideces de la sangre —manifestó el señor Weasley.
Hermione sonrió.
—Gracias, bueno, pero eso hubiera pasado, en caso de que hubiese salido algo mal… seria yo la estuviera muerta y no tú Harry, además todos sabemos que tú eres el único que puedes vencer a Voldemort.
Se hizo un gran silencio en la sala, Crookshanks aprovecho el momento para subir al regazo de su ama, Hermione pasaba su mano en el suave pelo del felino naranja.
—Bueno, lo que hiciste fue muy valiente Hermione, gracias a Merlín estas aquí y creo que es hora de que todos se vallan a descansar, mañana podrán hablar lo que quieran con ella —la señora Weasley se dirigió a Ron y Harry, que los conocía de sobra—, ahora creo que es tiempo de que todos descansemos, ha sido un día bastante agitado, mañana será otro día.
Todos se comenzaron a levantar, ya no había más que decir, solo les quedaba buscar el cuerpo de “ojo loco”, y esperar el siguiente movimiento de Voldemort.
Remus y Tonks se fueron a su casa, Bill fue a ver a su prometida, mientras que los gemelos se dedicaban a bromear sobre la oreja de George que había caído en combate, el señor Weasley y Charlie platicaban sobre el posible filtro de información, el único que no era de fiar era el tal Mundungus, y precisamente era el único que no había llegado al punto de reunión.
Ginny subió hacia su cuarto, mientras Ron le pedía a su mamá algo de cenar, Harry había salido a buscar a Hedwig al jardín, dejando solos a Hermione y Draco.
Hermione se dirigía hacia las escaleras cuando Draco le cerró el paso.
—Granger, te daría la bienvenida, pero no soy tan meloso como tu querida comadreja.
—No es necesario Malfoy, y su nombre es Ron.
Draco esbozó una sonrisa, sin duda le hacía falta el ingenio de la Granger, habían sido tantos los días de total cordialidad entre Potty y el pobretón que se estaba volviendo demasiado bueno para su salud mental.
—Perdona que no recuerde el nombre de tu caballero andante, pero no me importa.
—Debería importarte, si estás viviendo con ellos es lo mínimo que deberías hacer, tratarlos como tus iguales y no como inferiores, y deberías ser más agradecido, ¡hurón!
—¡Ja! Ahora resulta que tengo que besarles los pies, no te confundas Granger, nada tiene que ver, el que yo esté aquí es cuestión de Dumbledore y estábamos bien, pero llegaste y el ambiente empezó a oler raro.
—De seguro es tu colonia, hurón albino, o se te murió el cerebro que y ya está oliendo a podrido, sea lo que sea Malfoy, lo único raro aquí eres tú.
Hermione comenzó a subir por las escaleras, sin duda alguna Draco siempre la sacaba de sus casillas, era un maldito engreído, iba subiendo el último escalón cuando escucho a Draco susurrarle algo.
—Bienvenida Granger, ya extrañaba el olor a impuro —Draco le giño un ojo desde la parte baja de las escaleras y se retiró hacia donde se encontraba el señor Weasley y Charlie platicando.

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