Harry
caminaba de un lado a otro, no se podía concentrar en nada, primero su sueño y
ahora esto, ¡por Merlín! Que nadie entendía como se sentía, la señora Weasley
trataba de calmarlo sin ningún logro, estaba peor que león enjaulado, Ron no
estaba mejor, tenía sus ojos llorosos, sus lágrimas luchaban por quedarse en
sus ojos, Ginny por su parte las dejaba salir sin ninguna reserva, su mejor
amiga estaba en peligro y nadie de los presentes hacia algo por ayudarla.
Draco
se sentía incómodo ante esa situación, antes le hubiera valido madre la suerte
de la Gryffindor, pero ahora, las cosas eran diferentes, se había encariñado en
poco tiempo con esas personas, tal vez porque el último año para él, fue el más
lleno de soledad y de introspección, el amor de Molly le había ayudado mucho,
si bien no reemplazaba a su madre, por lo menos era un gran aliciente para esos
momentos en los que se sintió perdido y a la deriva.
—Harry,
cariño, trata de tranquilizarte no sirve de nada que te alteres, ya Remus fue a
verla no te preocupes, ella va a estar bien, veras que si —la señora Weasley
trataba de creerse sus propias palabras.
—Perdón
señora Weasley, pero no puedo, simplemente no puedo, Hermione puede perder la
vida, yo tengo que salir ayudarla, ella siempre ha estado junto a mí, si yo la
perdiera, no quiero pensarlo, por favor déjeme salir, ayudar a Remus y Tonks.
—¡Harry!
Relájate, nosotros iremos a ver qué es lo que sucede con Hermione, tú te
quedaras aquí junto con los otros —Charlie sonaba bastante enérgico, se acercó
a su madre y le hablo al oído, Molly simplemente asintió con la cabeza.
—Nosotros
también nos vamos —exclamaron al mismo tiempo los gemelos y salieron sin decir
palabra alguna del incidente.
Charlie,
Bill y Fleur fueron los siguientes en abandonar La Madriguera, antes de salir,
el dragonolista observo a su madre y después de esto cerró la puerta.
Molly
sin ni siquiera pensarlo hizo un conjuro en silencio y les arrebato las varitas
a los cuatro jóvenes, sabía muy bien que sus hijos y Harry no se quedarían con
los brazos cruzados, y Draco bueno más valía prevenir, no.
Los
cuatro chicos se observaban entre sí, no lo podían creer, la señora Weasley los
había desarmado sin pronunciar una puta palabra, simplemente iba más allá de una
sencilla ama de casa.
—Lo
siento chicos, pero conociéndolos, sé que tramarían algo para ir a buscar a
Hermione, si no es que ya lo habían pensado, ahora es cuestión de esperar.
Harry
estaba rojo de la impotencia, sí, la señora Weasley lo había dejado sin varita,
y ahora como demonios haría para salvar a Hermione.
—Señora
Weasley, entiendo su preocupación, pero es mi amiga la que está en peligro, si
le llaga a pasar algo, seria por mi culpa, tengo que ayudarla, tengo… —Harry
fue callado por el señor Weasley.
—Harry
te entendemos, pero por favor, entiéndenos tu a nosotros —Arthur vio a su
esposa y continuo hablando—, Hermione ha estado en una misión, misión que ella
misma se impuso, no te puedo decir de que se trata, pero está bien, Kingsley y
los demás Aurores la vigilan, si todo sale bien esta noche estará con nosotros,
no creo ser el indicado para decirte algo más, solo te pido en que confíes,
ella va a estar bien.
*****
Eran
cerca de las seis de la tarde y no había noticias de Hermione, Harry y los
hermanos Weasley estaban desesperados, Draco solo los observaba, nunca pensó
que le preocuparía tanto la vida de la castaña, bueno a estas alturas ya nada
lo podría sorprender.
—No
hay noticias, ¡MALDITA SEA!
—Ron
tranquilízate, hay que confiar en lo que dice papá, Hermione va a estar bien.
—¿Cómo
demonios quieres que me tranquilice Ginny? No sabemos nada, y a estas alturas
me vengo enterando de que Hermione está en una puta misión, arriesgando su vida
y nosotros como si nada, que no lo entiendes.
Harry
estaba molesto, no le gustaba como Ron le hablaba a Ginny, intento frenarlo,
pero la puerta de golpe se abrió, Molly entraba a la habitación para avisar que
bajaran a comer algo, desde que todo había empezado ninguno de los cuatro
chicos había probado bocado, los Gryffindor por falta de apetito y Draco por
solidaridad, aunque a este último su estómago le pedía alimento de una manera
demandante.
En
el comedor de los Weasley se podía cortar la tensión con un cuchillo, los seis
presentes evitaban verse a la cara, los mayores evitando contestar preguntas y
los jóvenes, evitando ignorar la rabia y la impotencia de esa situación.
Cerca
de la ocho de la noche la señora Weasley mando a todos a su respectivo cuarto,
alegando que a ella la ponían más nerviosa de lo que en realidad estaba.
Ya
en su cuarto los tres chicos trataban de adivinar cuál era la misión de
Hermione, porque se la había asignado ella misma o tal vez eso era una mentira
de Arthur Weasley para mantenerlos calmados.
Ginny
entro al cuarto de los tres chicos, se veía bastante asustada.
—¡Harry!
Ven pronto a mi habitación necesitas ver algo.
El
ojiverde salió de la habitación seguido de Draco y Ron.
Al
llegar a la habitación de la pelirroja Harry buscaba algo sin saber a ciencia
cierta que era, la chica le señalo la ventana y él se asomó, a lo lejos se
veían tres siluetas, no podía distinguirla por la oscuridad, de pronto se
reconoció, el venía acompañado de Remus y otro Harry muy mal herido, ¡Merlín!
Sus ojos lo estaban engañando, había dos Harry's acompañando al licántropo y su
vista no le fallaba uno sangraba de un lado de la cabeza.
Harry
sin dudarlo bajo a la sala esperando, la respiración la tenía entrecortada, al
abrirse la puerta, vio al licántropo y a sus dobles entrando.
—¿Quién
eres? Identifícate —bramo el señor Weasley.
—Me
llamo Remus John Lupin, alias lunático, mi esposa es Nymphadora Tonks y fui
convertido por Greyback —contestó el licántropo.
—¿Quién
está herido?, ¿Qué paso? —la señora Weasley estaba atemorizada.
—Soy
yo mamá, George, el maldito de Snape me hirió —el chico se retorcía de dolor.
El
rostro de los señores Weasley era de total desconcierto uno de sus hijos estaba
muy mal herido.
—Tranquilo
hijo, te curaremos.
—¿Quién…,
quién eres tú? —señalaron al otro Harry que tenía cara de espanto.
—Soy
Fred, estoy bien por si a alguien le interesa —el gemelo trataba de relajar la
tensión.
—¿Con
quién venias? —preguntó el señor Weasley, mientras que su esposa buscaba pociones
para curar a George.
—Tonks,
ella se quedó con sus padres, alguien dio un aviso, alguien nos traiciono,
sabían que hoy íbamos a sacar a Harry de su casa.
—¡QUE!
—contestó Harry, por primera vez hablaba, después de ver y tratar de asimilar
lo que estaba pasando—, ¿Quién?, ¿Cómo…? —fue lo único que pudo articular
Harry, los otros chicos estaban igual de atontados que el joven de gafas, esto
no tenía ni pies, ni cabeza.
—Harry,
por favor no es el momento, espera a que lleguen los demás, por favor —el
licántropo estaba igual de impaciente.
Se
oyeron pasos afuera de la casa, Arthur y Remus tomaron sus varitas y se
asomaron.
Bill
entró alzando los brazos.
—Soy
yo, Bill Weasley el mayor de tus hijos y próximo a casarme con Fleur Delacour,
fui prefecto y premio anual en Hogwarts —dicho esto bajo los brazos, abrazando
a su prometida que tenía los ojos llorosos y tenía la forma de Harry, el joven
Gryffindor deseo nunca más volver a ver esa imagen tan patética—. Moody murió,
vimos cuando cayó de su escoba, no pudimos hacer nada, lo siento —todos
hicieron un silencio, el menor de los hermanos fue el que lo rompió.
—¿Y
Hermione, en donde esta?, ¿Qué pasa con ella?, ¿Bill está bien?
—Ella
viene en camino, venia resguarda por Kingsley y Charlie, no te preocupes, es
cuestión de esperar.
Ginny
abrazo a su padre.
—¿Qué
es lo que pasa?, tenemos derecho a saberlo —la chica tenía los ojos llorosos,
sin duda al ver a uno de sus hermanos heridos y el saber que su mejor amiga
estaba en peligro la ponía en un estado de total vulnerabilidad.
Bill
suspiró.
—Creo
que es tiempo de que sepan todo —vio a sus padres y a Remus, los tres
estuvieron de acuerdo, la señora Weasley les ofreció un whisky de fuego a los
recién llegados y te a los cuatro jóvenes, todos se encontraban reunidos en la
sala, la oreja de George no se pudo salvar, ya que lamentablemente se usó magia
negra y le fue imposible a Molly Weasley resarcir el daño.
—Bien,
como sabrán… —de nuevo se escucharon pasos en el jardín de los Weasley, esta
vez era Tonks, que traía una cara de desolación.
—Está
muerto, Remus, está muerto Moody… —fue lo único que pudo decir, las lágrimas se
hicieron venir y fue a abrazar a su esposo.
Ninguno
de los presentes dijo nada, poco a poco George, Fred y Fleur volvieron a ser
ellos, dejando atrás los estragos de la poción multijugos.
Remus
abrazaba a su esposa tratándola de consolar, todos sin duda estaban más que
nerviosos, ya había pasado cerca de una hora y no había rastro alguno de
Hermione.
La
puerta se abrió de golpe, era Charlie, venia solo no se veía por ninguna parte
a Hermione o a Kingsley.
—Qui…
—Arthur iba a interrogarlo cuando la puerta volvió abrirse dejando entrar a la
imponente figura de Kingsley Shacklebolt , atrás de él, aparecía la figura menuda
de Hermione Granger.
Harry
sin dudarlo, fue corriendo a abrazar a su amiga, pero Remus lo detuvo y apunto
su varita a los tres recién llegados.
—¿Quiénes
son?, identifíquense.
—Vamos
hombre, que estamos molidos, yo soy Charlie —apuntándose con un dedo—, y ellos —señalándolos
con el dorso de su mano—, son Hermione Granger, quien fungió durante todo este
tiempo como Harry Potter y el Kingsley, Auror y…
—¡Ya,
ya…! Ya sabemos que son ustedes, hermanito, solo que a Remus le gusta jugar al
lobito alfa —Fred ironizo, todos estaban hasta la madre de aquella misión.
Hermione
se encontraba en el marco de la puerta, estaba cansada y bastante atemorizada,
su cerebro trabajaba a mil por hora, sintió unos brazos alrededor de su
cintura, ese roce la hizo salir del trance en el que se encontraba y respondió
el abrazo.
Draco
la observaba, la recordaba diferente, hace cuanto tiempo que no la veía, a
pesar de llevar ropa por lo menos dos tallas más grande de lo que era en
realidad la chica, a pesar de verse así, tan sucia y tan desprotegida, había
algo en ella que atraía de forma inconsciente a Draco, no dejaba de verla, ahora
era el turno de mini Weasley de abrazarla, y por último la comadreja, que desde
que la castaña arribo a La Madriguera, se notaba que quería saltarle y tomarla
ahí mismo, era muy malo tratando de ocultar sentimientos, mientras que el Slytherin
se mantenía calmado, la veía de arriba abajo, escaneándola, tratando de
encontrar un defecto, algo que la hiciera desagradable a la vista, pero no
había nada, simplemente la chica físicamente era perfecta.
—Voig
a bañagme, me siengto hogible con egsta rogpa, Hegmione, me alega que ya egstes
con nous —la chica francesa hizo un ademan muy femenino, a pesar de llevar la
ropa de Harry y se despidió de la familia Weasley.
Este
hecho hizo que Draco dejara de observar a la chica que recién había llegado, y
se enfocara en los demás, parecía que Potty, estaba impaciente y quería saldar
cuentas con su amiga castaña.
—¡Hermione!,
creo que nos debes una explicación, de hecho creo que todos me la deben, ¿y en
donde demonios esta mi varita?
—Yo
la tengo querido, en un momento te la entrego, a ti y todos ustedes —Molly se
adelantó antes de que protestaran los otros tres chicos.
—Bien,
Harry, creo que es necesario que sepas la verdad —Hermione se sentó en un
mullido sillón de la sala de los Weasley—, después de la muerte de Dumbledore, me
di cuenta que ya no tendrías más protección, es decir, tú sabes que últimamente
han buscado cualquier motivo, por mínimo que sea para echarte de Hogwarts o… —la
chica levanto la mano—, déjame terminar, o para poner tu vida en peligro, como
hace dos años con los dementores, ¿lo recuerdas? —la chica hizo una breve
pausa, para poner en orden sus ideas—, bien pues sin la protección del director
serias un blanco más fácil para cualquiera que quisiera hacerte daño, desde
Voldemort hasta el mismísimo ministro de magia, por eso decidí con la ayuda de
Remus —la castaña vio de reojo al
mencionado, este la animo a proseguir con su relato—, hacerme pasar por ti, no
fue muy agradable pasar tiempo con tus tíos, realmente no son muy agradables, sabes,
pero era necesario.
—¿Pero
por qué tú? ¿Qué tal si hoy hubieras muerto?, Moody murió, ¿lo sabías?
Hermione,
que había conservado la calma, en ese instante la perdió, ella no sabía nada,
pensaba que el Auror se había desviado o todavía no llegaba, sin proponérselo
empezó a llorar en silencio, las lágrimas salían de sus ojos naturalmente.
—Bien
hecho Potter, ahora no sabremos más.
Hermione
que no había reparado en Draco, le envió una mirada de hielo, al chico le
sorprendió que no preguntara nada sobre él, lo que quería decir que ella sabía
que estaba vivo y que vivía ahora con los Weasley.
—Ya
Hermione, tranquila, toma —Ron le paso un pañuelo, y después de esto paso su
brazo sobre el hombro de la chica, evitando ver a todos, que tenían su vista
fija en la chica.
Hermione
hipo un par de veces y se tranquilizó.
—Gracias
Ron, ¿Cómo murió?, hace apenas unas horas lo vi, estábamos planeando, como
llegar a aquí.
—Cayo
de su escoba a gran altura —dijo un Bill cabizbajo.
—¿Y
qué paso con el otro que venía con él?, ¿cuál era su nombre?, Mundungus, me
parece, ¿cierto? —Charlie se veía igual de atónito que la castaña, él le tenía
aprecio al loco Auror.
—No
lo sé, simplemente desapareció, yo venía con Fleur, no podía descuidarla.
—Entiendo.
—Hermione,
quieres terminar, por favor —Harry se mostraba bastante impaciente.
—Bien,
en donde me quede, a sí, yo decidí ser la que te sustituyera, porque soy la que
más te conoce, bueno también Ron, pero él no sabe nada del mundo muggle y sería
más fácil delatarse, ¿no crees?, además tenía que estar pendiente de mis padres
y otras cosas.
Harry
sonrió su amiga era bastante valiente y astuta, solo a ella se le hubiera
ocurrido una idea así, ahora fue él quien paso un brazo sobre los hombros de su
amiga.
—Pero,
¿Por qué tú?, es decir porque exponerte así —preguntó Ginny, un tanto molesta
por la atención que Harry le prestaba a Hermione.
—Bueno,
porque si alguien trataba de hacerme daño, bueno a Harry, no hubiera pasado
nada, solo hubieran dañado a una sangre sucia —Hermione lanzo una mirada de
reto hacia Malfoy, este solo la ignoro.
—No
te digas así, Hermione, nosotros no creemos en esas estupideces de la sangre —manifestó
el señor Weasley.
Hermione
sonrió.
—Gracias,
bueno, pero eso hubiera pasado, en caso de que hubiese salido algo mal… seria
yo la estuviera muerta y no tú Harry, además todos sabemos que tú eres el único
que puedes vencer a Voldemort.
Se
hizo un gran silencio en la sala, Crookshanks aprovecho el momento para subir
al regazo de su ama, Hermione pasaba su mano en el suave pelo del felino naranja.
—Bueno,
lo que hiciste fue muy valiente Hermione, gracias a Merlín estas aquí y creo
que es hora de que todos se vallan a descansar, mañana podrán hablar lo que
quieran con ella —la señora Weasley se dirigió a Ron y Harry, que los conocía
de sobra—, ahora creo que es tiempo de que todos descansemos, ha sido un día
bastante agitado, mañana será otro día.
Todos
se comenzaron a levantar, ya no había más que decir, solo les quedaba buscar el
cuerpo de “ojo loco”, y esperar el siguiente movimiento de Voldemort.
Remus
y Tonks se fueron a su casa, Bill fue a ver a su prometida, mientras que los
gemelos se dedicaban a bromear sobre la oreja de George que había caído en
combate, el señor Weasley y Charlie platicaban sobre el posible filtro de
información, el único que no era de fiar era el tal Mundungus, y precisamente
era el único que no había llegado al punto de reunión.
Ginny
subió hacia su cuarto, mientras Ron le pedía a su mamá algo de cenar, Harry
había salido a buscar a Hedwig al jardín, dejando solos a Hermione y Draco.
Hermione
se dirigía hacia las escaleras cuando Draco le cerró el paso.
—Granger,
te daría la bienvenida, pero no soy tan meloso como tu querida comadreja.
—No
es necesario Malfoy, y su nombre es Ron.
Draco
esbozó una sonrisa, sin duda le hacía falta el ingenio de la Granger, habían
sido tantos los días de total cordialidad entre Potty y el pobretón que se
estaba volviendo demasiado bueno para su salud mental.
—Perdona
que no recuerde el nombre de tu caballero andante, pero no me importa.
—Debería
importarte, si estás viviendo con ellos es lo mínimo que deberías hacer,
tratarlos como tus iguales y no como inferiores, y deberías ser más agradecido,
¡hurón!
—¡Ja!
Ahora resulta que tengo que besarles los pies, no te confundas Granger, nada
tiene que ver, el que yo esté aquí es cuestión de Dumbledore y estábamos bien,
pero llegaste y el ambiente empezó a oler raro.
—De
seguro es tu colonia, hurón albino, o se te murió el cerebro que y ya está
oliendo a podrido, sea lo que sea Malfoy, lo único raro aquí eres tú.
Hermione
comenzó a subir por las escaleras, sin duda alguna Draco siempre la sacaba de
sus casillas, era un maldito engreído, iba subiendo el último escalón cuando
escucho a Draco susurrarle algo.
—Bienvenida
Granger, ya extrañaba el olor a impuro —Draco le giño un ojo desde la parte
baja de las escaleras y se retiró hacia donde se encontraba el señor Weasley y
Charlie platicando.
